Javier Ruiz Pérez tiene nombre de español medio. Interesante para ser periodista y hablar en boca de todos. Su historial profesional es una paleta de colores y texturas diversas. Ha sido redactor, corresponsal, redactor jefe y presentador de informativos en la SER, muy a la zaga de Iñaki Gabilondo. Lo dice él con palabras lapidarias: “Cuando yo era pequeño no quería ser periodista, quería ser Gabilondo”.

Después de ser radio, se convirtió a la televisión. Fue subdirector de los servicios informativos de Sogecable, presentador de los informativos de sobremesa de Noticias Cuatro y sustituto de su padre periodístico en la presentación del informativo de las 20.00 de Cuatro cuando Gabilondo colgó el teleprompter.

Ahora mismo presenta La Otra Red en Cuatro, un programa de actualidad que compagina con su trabajo de plumilla digital en Voz Pópuli. Desde octubre, co-presenta Un tiempo nuevo, la conexión más directa con el pequeño Nicolás.

A pesar de un DNI joven y un curriculum exprés, en su perfil de twitter el título detrás del nombre reza así: “periodista, a pesar de todo”. ¿Qué es todo? Y responde: “Es muy complicado ser periodista. Es muy frágil ser periodista. Y hay muchas presiones para ser periodista”. Pero no se queda ahí: “Ya no hay sólo presiones a los medios de comunicación para orientar las líneas editoriales. Hay también presiones empresariales para desviar a los profesionales. Ya no hay caza al medio, hay caza al periodista”.

Preparación y versatilidad

El background formativo de Javier Ruiz incluye especialización (Máster en Economía Internacional y Periodismo por la Universidad de Columbia), información general, prensa, radio, televisión, internet, análisis, debate, talk show… Para él, todo eso es fruto de una única raíz: “La clave de la supervivencia de un periodista es la preparación que se tiene antes de sentarse en la mesa. El periodismo se hace antes de llegar al micrófono”.

Sobre la versatilidad del periodista del siglo XXI, la voz cantante de La Otra Red destaca que “lo importante de nuestra profesión es el fondo, la forma es más o menos irrelevante. Y si tienes algo de picardía, entonces serás capaz de adaptarte a uno u otro formato. El periodismo cambia de formas, pero lo importante es el fondo”.

Contra los tópicos con grandes citas idealistas en torno a esta profesión, dice: “En el periodismo honesto hay un componente ideológico. Si es realmente honesto, queda transparente ese conflicto. La objetividad presentada como equidistancia no es justa. La objetividad buena es la naturalidad no fingida”.

 

 

Historias, sí – Anécdotas, no

Sobre “el periodismo son historias”, Ruiz apunta que sí, “pero no sólo historias. Si uno hace sólo periodismo de historias, puede acabar haciendo periodismo de anécdotas. Y no nos podemos conformar con la anécdota”.

En su opinión, “la historia redonda es la que tiene fuerza en la anécdota y representación en la categoría. Algo que se sostiene solo, pero que representa a algo más”. Y pone un ejemplo con mayúsculas de los últimos meses: “El pequeño Nicolás es periodismo en estado puro, en el sentido de lo que representa. Es una anécdota que tiene una categoría. Simboliza que hay puertas de atrás para acceder al poder y formas de hacer negocio que no son el mérito ni ningún otro valor que, teóricamente, una democracia transparente y normal debería defender”.

Ética profesional, ética personal

Sobre los límites éticos de una historia humana traducida, en este caso, al lenguaje de la televisión, Ruiz considera que “son los mismos límites éticos de cualquier ser humano normal. Mientras haya respeto y delicadeza con las personas, no creo que se crucen esos límites en la profesión”.

En este sentido, añade: “Cuando uno cae en la crueldad humana, cae también en la crueldad periodística. No creo que los periodistas seamos crueles. Al contrario. No creo que los periodistas seamos morbosos. Al contrario. Lo que hay es afán por contar historias que representan a la gente”.

En cualquier caso, la dirección por la que guiar el ejercicio profesional del periodismo la tiene clara: “Me gustaría que fuera por el camino del rigor, de la seriedad, con unas ciertas dosis de entretenimiento y muchas de formación. Que vaya a eso, está por ver… De todas maneras, el espectador sabe a quién buscar en cada momento”.

Su dogma profesional gira en torno a una máxima de frontal de facultad de Comunicación: “La credibilidad es el pasado, el presente, y el futuro del periodista”.

Un futuro híbrido

Con respecto a los nuevos medios y nuevos formatos del periodismo 2.0. este periodista multimedia subraya contundente: “No me creo el perfil del que sólo está en twitter, o de quien sólo está en la tele, o en la radio. Creo que todos esos medios se retroalimentan. Todos son buenos para hacer llegar nuestras historias, no veo que haya unos mejores que otros. Por ejemplo, la revolución árabe empezó a contarse en twitter, después saltó a la prensa, hasta acabar en la televisión. Fue creciendo así. No hay historias que sean propiedad de un determinado tipo de medio”.

De cada medio resalta una virtud. De twitter, “la ventaja de la rapidez”; de la prensa -en papel o internet-, “permite la profundidad y el análisis”. Sobre la televisión y la radio, subraya que “permiten un disparo masivo, una potencia de fuego que no te permite nada más”. Y concluye: “Si consigues combinarlo todo, eres un periodista afortunado. Ese, probablemente, sea el futuro”.

 

Álvaro Sánchez León