Cofundador y director adjunto de El Mundo, este asturiano militante –como se define a sí mismo en su perfil de Twitter-, es el responsable de Orbyt, la primera plataforma de pago de lectura de periódicos y revistas en Internet. Sus pasiones son el cine y la prensa; a ser posible juntos. Ha sido director adjunto de Información, responsable del área de Cultura en su periódico y de los suplementos La Esfera y Cinemanía, después de curtirse durante un buen puñado de años en la redacción de Diario 16, donde llegó a ser redactor jefe de Cultura. Es autor y editor de varios libros y, como quién lo está viviendo en primera persona, nos cuenta el cambio de piel que vive su periódico. 

 

Estamos en la era de la comunicación, en la sociedad de la información. ¿No resulta paradójico que sea precisamente el periodismo una profesión en crisis?

Yo no creo que el periodismo esté en crisis, está en crisis la forma en la que hacemos llegar el periodismo a los lectores. Creo que es un problema más de transmisión de la información, de adecuación a los nuevos medios de consumo.

Es verdad que lo que está en crisis es más el formato, pero hay una lucha por la audiencia. Ese empeño por ser los primeros en dar la noticia ¿puede terminar convirtiendo los periódicos en algo parecido a la telebasura?

Esa carrera contrarreloj ha existido siempre. Todo el mundo recuerda todavía quien fue la agencia que dio la noticia de la muerte de Franco. Y esa carrera ha dado errores muy graves. Lo que hace falta es una ponderación de la información. Se ha hablado mucho de la crisis de la información y, precisamente, en una época en que la información vive un momento de esplendor. Pero ese esplendor es por exceso de información. Y cuanta más información recibe una persona menos informada está, porque nadie es capaz de digerir tanto como se ofrece.

El New York Times acaba de cambiar su modelo de negocio, y ahora la principal fuente de ingresos ya no es la publicidad, sino las suscripciones. El Mundo es, en España, el periódico que más ha arriesgado con el muro de pago. ¿Piensa que el principal reto de los nuevos modelos de negocio pasa sí o sí por el pago de contenidos?

Yo creo que la financiación de los periódicos “serios” de información general pasa por el pago. Los periódicos siempre han costado dinero, no tienen por qué dejar de costar ahora. Lo que pasa es que es un proceso muy lento, que tiene un periodo de transición muy largo. En España estamos a años luz de otros países donde el comercio electrónico está funcionando como la cosa más natural del mundo. Si la gente ha estado pagando 1,30 euros por un ejemplar de periódico, cuando no había Internet, estoy seguro de que pagara lo mismo, o 5 euros, por leer libremente el periódico durante todo el mes. Por otra parte, hay algo que los lectores están empezando a percibir que es la necesidad de recibir las noticias de una forma diferente. La web es una catarata de noticias. Y para estructurar la mente se necesita una presentación más jerarquizada y armoniosa, tener una experiencia  grata de leer, saber dónde están las noticias y tener una visión cerrada del día o de un determinado periodo de tiempo.

Esto es muy interesante pero tiene el problema de la competencia con contenidos gratuitos de menos calidad. Los derechos de autor y la propiedad intelectual tienen mucho que decir en este proceso de transformación…

La clave de esta crisis, independientemente de que haya coincidido con la económica, está en la aparición de nuevos actores en el mundo de la información. Antes no había agregadores, no había Google que te hiciera una búsqueda. La diferencia es que Google da informaciones sin valorar. Y la clave es seguir dando una información jerarquizada, ordenada, valorada y presentada de forma atractiva por periodistas con criterio. Personalizar los periódicos, humanizarlos, que lleven una firma, que es un valor importantísimo. Con la aparición de Google todo el mundo da noticias. Nosotros iremos a un público interesado, restringido,  dispuesto a pagar por algo que le interesa, que en este caso es  información, o una firma determinada o cualquier contenido diferenciado, que es la clave de un periódico.

Y luego hay otro cambio fundamental: que la tarta publicitaria ha cambiado por completo. Ahora tenemos que compartir la publicidad con todos esos navegadores. Si la publicidad sigue funcionando según los números de accesos, se irá a Google. Pero la publicidad está aún en la etapa del banner y tiene que vivir una transformación que todavía no ha empezado. Tenemos que reflexionar sobre lo que van a ser en el futuro las informaciones patrocinadas y otros formatos de publicidad, y de convivencia entre información y publicidad a través de los distintos soportes. Nunca volveremos a los ingresos que hemos tenido, de ahí que sea imprescindible conseguir suscripciones.

El Mundo cambia de piel. Explíquenos cuál es el proyecto de El Mundo y en qué frentes se plantea.

En primer lugar, empezar a cobrar a partir de un número determinado de noticias web un precio simbólico de 1 euro pero a cambio de tener una web enriquecida con todas las noticias que antes estaban vedadas.

El Mundo ha basado su estrategia, también, en la creación de muchas aplicaciones diferentes para que la información tenga su cauce de salida a través de todos los medios que la tecnología ha puesto a nuestro alcance.

Y finalmente estamos creando productos nuevos porque creemos que los lectores tienen necesidad de ellos. Y ese es el caso, por ejemplo, de  El Mundo de la tarde, o los resultados deportivos para iPhone.

Lo que teníamos claro como filosofía de este cambio de piel, es que quedarnos parados al abrigo de esa piel aparentemente cómoda sería un suicidio. O te mueves o la bicicleta se cae.