Rosa Jiménez Cano es la corresponsal de El País en Silicon Valley. Casi la única corresponsal de un medio español en el corazón del progreso tecnológico.

 

Su carrera profesional, joven, tiene mucho que ver con los gadget, el progreso, las nuevas tecnologías de la comunicación, las redes sociales desde dentro y desde fuera…

 

Todos los cambios que se precipitan por aquí, llovieron ya por esas tierras donde surgen como setas las historias en el país de la “nueva fiebre del oro”. Historias de ideas, de audaces, de conquistas. Historias de derrotas, de maletas hechas para volver a casa, y no precisamente por Navidad. Historias de grandes e historias de startups recién llegadas al mundo de la innovación. Historias de la vida misma, pero en plena ebucillión.

 

La gurú española que disfruta en su Disneyworld de la tecnología tiene tres palabras claves: periodismo, afición e ilusión. Sin necesidad de conexión digital, cara a cara, le preguntamos cómo ve el mundo del periodismo desde la cima de la innovación. Con seguridad de quien vive donde las cosas están pasando antes, contesta con conocimiento de causa.

 

Aprovechar cada innovación

Para Jiménez Cano, “la innovación periodística tiene que ser la capacidad de aprovechar cualquier innovación comunicativa para adaptar nuestras historias. Al final, la gente de la calle las usa y nosotros llegamos tarde. Un ejemplo es Vine: puede parecernos un juguete, y sin embargo es una herramienta a la que podemos sacarle mucho partido. Es parte de esa actitud innovadora no denostar ningún formato”.

 

Sobre el futuro de los soportes, Rosa es contundente: “En Silicon Valley se piensa poco en el papel. Se ve más como un soporte que da prestigio, para guardar, y para cosas especiales. Se está convirtiendo en algo hecho para invitar a coleccionar, muy conectado a hechos relevantes del momento”.

 

En este sentido, ve en España un cierto retroceso, al menos, mental, por parte de los editores de medios. En su opinión, “hasta que no ha habido despidos masivos en la prensa, hasta que no han llegado las consecuencias de la crisis, a los periodistas no se nos ha ocurrido montar proyectos que quizás hace diez años ya habrían sido rentables. Sólo algunos ejemplos como Estrella Digital o Periodista Digital han sido realmente pioneros. Ahora sí que empieza a notarse mucha más riqueza en el sector”.

 

La informadora más tech de la prensa española no cree que los medios tradicionales hayan perdido el tren de las nuevas tecnologías y los nuevos formatos, aunque sí admite que “tienen menos flexibilidad que los medios que nacen sin ningún tipo de ancla. Al final, les frena una especie de maquinaria que todos los días  les obliga a tener un periódico de papel en la calle, bien hecho, con calidad, cuidado… Lo urgente no te deja hacer lo importante, y la responsabilidad de la innovación se va dejando, mientras ves cómo hay medios pequeños que crecen más rápido. Hay que trabajar en las dos velocidades para no perder el paso”.

 


La historia, materia prima esencial

Pero más allá de tecnologías y formatos, para Jiménez Cano la clave de su profesión son las historias. En su caso, tiene claro que “al lector le siguen interesando quiénes son las personas que están detrás de los que cambian el mundo”, y por eso, en su tarea informativa, “primero están las historias, y después las herramientas que utilizamos. Si no hay historia, ya le podemos poner guirnaldas y lucecitas, que la cosa no se sostiene. Los rudimentos de esta profesión son las historias”.

 

Sobre el nuevo periodista de los nuevos tiempos, la reportera made in Spain de la zona sur del área de la Bahía de San Francisco, cree que “vamos a acabar siendo periodistas que proponen historias a diferentes cabeceras: freelances que después de mucho luchar consiguen vender sus piezas a diferentes medios. Pienso que se impondrá la marca personal del periodista. No sé hasta cuándo los grandes medios van a poder soportar sus estructuras”.

 

Sobre la esencia del periodismo emergente, reclama “no perder nunca valores como la credibilidad. Tener una historia bien atada, seguir el hilo y el progreso de una historia, debe seguir siendo la clave de nuestro trabajo. La cuestión no es tanto que el soporte condicione, como saber conocer al nuevo lector, que ya no es tan pasivo. Ahora es más un usuario. Si conocemos bien sus rutinas, seremos capaces de adaptar nuestra forma de contar a sus formas de consumir”.

 

Redes sociales, cuna de fuentes y nuevas historias

Rosa Jiménez fue responsable de redes sociales de Prisa, en general, y después de El País, en particular. Allí vivió en primerísima persona lo que significa la participación y la revolución periodística que están suponiendo esas conexiones que son fuentes de historias infinitas. Ella ve las redes sociales como un lugar “que puede servir para encontrar muy buenas fuentes y para mantener un diálogo con el lector, que ya es activo, y que te puede enriquecer. Eso implica una cura de humildad constante para asumir que hay gente que puede saber mucho más que tú, aunque también haya mucha gente que quiere engañarte y jugar contigo. Mi consejo profesional con las redes es: cautela, pero también confianza”.

 

Su impresión basada en la experiencia es que “cada vez llega menos gente a tu medio a través de la portada, que antes era la única construcción de la realidad. Ahora ese sitio son las redes sociales, de donde vas trayendo gente al medio”.

 

En su opinión, las redes sociales enseñan también a los periodistas que “merece la pena ser los que mejor cuentan las historias”. Asimismo, considera que “corremos el riesgo de frivolizar nuestra profesión si sólo contamos con las redes sociales”. Habla, en concreto, de Twitter: “Los 140 caracteres pueden servir para dar un titular y un enlace. No creo que Twitter sea el sitio para el debate. En tan pocos caracteres no caben la ironía, los dobles sentidos, los argumentos desarrollados… Quizás pueda servir para abrir debates, y después encauzarlos a un blog, o al mundo real, o hacer un hangout de Google… Quedarse sólo en Twitter, en lo efímero, en lo momentáneo, genera falta de profundidad y, en consecuencia, se genera cierto riesgo de frivolizar el periodismo”.

 

En 2007, Rosa Jiménez publicó, junto a Paco Polo, La Gran Guía de los Blogs. Ahora, ocho añitos después, considera que “los blogs siguen teniendo sentido como espacio de reflexión y de conversación, pero han pasado de moda. En general, han perdido frescura”.

 

Google, España y el futuro

Sobre el cierre de Google News en España, una historia periodística que tendrá su secuela en 2015 seguramente, la voz de la prensa española en el corazón en ese rincón puntero de California cree que ha sido “un poco ridículo”. Y pone el acento crítico en los grupos de comunicación: “Si Google hiciera negocio, entendería que nos quejáramos porque sacan tajada de lo nuestro. Pero pienso que lo que tendríamos que hacer es convertirlo en un aliado, entender cada noticia como una unidad que tiene valor y sacarle la máxima rentabilidad posible. Google es como los glóbulos rojos de los periódicos desde donde nos viene un flujo sanguíneo que después nosotros deberemos monetizar”.

 

 Álvaro Sánchez León