En los 116 años de vida de la Asociación de la Prensa de Madrid, Carmen del Riego es su primera presidenta. Periodista, licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, ha sido observadora y cronista de la vida democrática española. Se crió profesionalmente en la cantera de Europa Press y, tras pasar por Diario 16 y El Sol, se incorporó a La Vanguardia, donde, desde hace más de veinte años, lleva la crónica política. Colabora habitualmente en tertulias de radio y televisión. 

 

¿Cómo podemos, los periodistas, recuperar el prestigio de los contenidos?

El futuro del periodismo pasa por recuperar los contenidos, que son la esencia de la profesión.  Internet ha sido una revolución, pero la cantidad de información que hay precisa periodistas que separen el grano de la paja, y  se la ofrezcan a los ciudadanos para que puedan entender la sociedad en la que viven. Ése será el periodismo que triunfe una vez que pase la crisis, primero la económica y luego la tecnológica y de negocio que el sector padece.

¿Estamos formando a esos futuros periodistas?

Los estamos formando pero no bien del todo. Necesitamos periodistas que tengan una cultura general muy grande y estén especializados en algo muy concreto. Que sean capaces de armonizar ese volumen de datos que les llega, digerirlos, explicarlos, contextualizarlos y ofrecerlos a la gente. No basta con ser expertos en nuevas tecnologías. La cultura es básica. Lo fue para el antiguo periodista y lo será para el nuevo.

Usted habla mucho de la responsabilidad de los editores. A veces el periodista es el último de la cadena y no el elemento más valioso…

El editor clásico sabe que lo suyo es poner en marcha un medio de comunicación, con una línea editorial, sí, y con buenos profesionales a los que cuida porque sabe que el producto al final depende de lo que ellos escriben. Las circunstancias actuales han obligado al periodista a hacer de editor, y es algo muy loable, pero yo reivindico la figura del editor clásico. Deberíamos desear que, del director para abajo, todos se encargaran de hacer periodismo, sin interferencias. El periodismo es algo con lo que se puede ganar dinero pero no es cualquier producto. Requiere mucho de servicio público y de altruismo.

En el último Informe Anual de la profesión Periodística (2013) se habla de que con la crisis se han creado nuevos medios. ¿En  qué medida favorece esto la libertad de prensa?

Cuantas más voces haya en el mercado informativo, más opiniones. El único problema es que salen con muy pocos medios y, entonces, no se puede hacer ese periodismo que estamos reivindicando, un periodismo en el que los editores se han gastado siempre mucho dinero para tener –como decía Kapuscinski- a la gente en el sitio donde pasan las cosas.

El periodista siempre ha sido muy atacado y eso es bueno porque escuece. Pero ahora mismo la profesión ha perdido su prestigio. ¿A qué se debe?

Yo creo que los ciudadanos, después de cinco años de crisis, están muy enfadados con el mundo, con todos los referentes que tienen: las instituciones, los políticos, los banqueros, los economistas, la UE y los medios de comunicación a través de los cuales ven ese mundo. Nos han visto durante mucho tiempo demasiado cerca del poder y demasiado lejos de la sociedad. Deberíamos contar más las historias de los ciudadanos y menos las de los poderosos.

 

Necesitamos encontrar un nuevo modelo de negocio. ¿Cómo podemos dar con una buena solución de tecnología aplicada al periodismo?

La solución nos la daban los ciudadanos en la encuesta del CIS del pasado marzo.  Quieren que les expliquemos las cosas de manera que las entiendan, no que seamos los más rápidos. Estamos en una carrera sin sentido que nos hace meter la pata muchas veces no confirmando el dato, que es la esencia del periodismo. Por ahí viene el futuro, por el periodismo de siempre. El soporte será lo de menos.

Como todo el mundo puede publicar quizás se está ninguneando mucho al periodista.

Yo soy muy crítica con lo que se ha dado en llamar periodismo ciudadano. Cualquiera pude ver un suceso en la calle. Siempre ha pasado y, cuando ha sucedido, se ha llamado a la emisora o al periódico. Y para ese medio, el ciudadano era una fuente, cuya información había que confirmar, contextualizar, completar e integrar… Hacemos un mal favor al periodismo si llamamos periodista a un bloguero.

¿Y quién puede dar este tirón para arriba? ¿Quién ha bajado el nivel de exigencia?

Entre todos hemos bajado el nivel de exigencia y entre todos tenemos que recuperarlo.  Los periodistas haciendo de verdad periodismo y olvidándonos del periodismo declarativo, que no le interesa a los ciudadanos. Decía Arthur Miller que el periodismo es una nación hablándose a sí misma. Y luego, no podemos dar barato lo que cuesta muchísimo dinero.  Es labor de los editores conseguir que un periodista esté en el sitio donde ocurren las cosas para poder contarlas.

¿La solución pasa por el contenido de pago?

Yo creo que sí, que gratis se puede dar poco. Porque, insisto, cuesta muchísimo dinero hacer periodismo. No se da nada gratis en la red, ¿porque hay que dar el periodismo?

¿Cómo podemos reeducar a un lector al que hemos tenido acostumbrado a no pagar?

Va a ser lo más difícil. Porque, además, hay muchos lectores acostumbrados a la red que, si se les pone la prensa  de pago, se conformarán con las cuatro líneas que puedan leer en Google. Hemos de hacer imprescindible que conozcan lo que podemos explicarles.

¿Nos ha  venido bien esta crisis?

Yo creo que nos ha venido bien a todos: a los ciudadanos que demandan soluciones a los políticos y a los periodistas, información; y a nosotros, que tenemos que dar respuesta a esas exigencias de informar. Nunca los ciudadanos nos han exigido como ahora. Las redes sociales tienen un papel importantísimo.

¿Con qué sueña la presidenta de la APM?

Con muchos medios de comunicación, con unos periodistas bien pagados que tendrían menos preocupaciones para hacer lo que deben hacer, y con unos ciudadanos que sigan exigiéndonos, que no vuelvan a dormirse en los laureles.

Ha nombrado a Kapuscinski. ¿Echa de menos reporteros de esa talla?

Yo creo que los sigue habiendo. En este momento tenemos a tres compañeros secuestrados que escriben cosas tan maravillosas como las que escribía Kapuscisnski. Y tantos otros. Quizá lo que echo más de menos es a Kapuscinski pensador del periodismo. Ese que decía que los periodistas no estamos para matar cucarachas sino para encender la luz y que los ciudadanos vean cómo las cucarachas corren a esconderse. Porque a veces nos creemos que estamos para cosas para las que no estamos.