Gabriel García Márquez falleció el 17 de abril; con él muere no sólo un escritor sino un periodista y un maestro de periodistas. Todos los medios han recogido ese amplísimo testigo, como también hace estos días la web de la Fundación Gabriel García Márquez para el nuevo Periodismo iberoamericano, que él mismo creó y presidió.

El 7 de octubre de 1996 impartía en Los Ángeles una conferencia ante la 52ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa sobre el que calificó como “el mejor oficio del mundo”. Sus palabras dejan huella: emociona el retrato de sus primeros pasos en un periódico, el ambiente de amistad -casi de tertulia- a la hora de decidir las noticias que publicar:

“Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción”.

El relato rezuma humanidad y trabajo, compañerismo y una voluntad de poner en común la noticia, lo trabajado, lo masticado durante el día. Para García Márquez la formación del periodista no se sitúa en un plano sentimental o meramente espontáneo:

“Toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón”.

En ese discurso también aborda la dependencia entre ética y profesionalidad, no sin cierta ironía:

“De todos modos, es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional”.

Palabras brillantes que muestran la intrínseca relación entre realidad-noticia-ética, un hilo conductor que anuda el mundo que nos rodeael producto del trabajo periodístico-la práctica periodística. Para García Márquez el periodismo es algo entrañablemente humano, como humanas son la franqueza, la ética y la profesionalidad del periodista.

 

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