Leyendo noticias referentes a la crisis de Ucrania en los diarios resulta difícil entender en qué parámetros se está moviendo el conflicto. ¿Se trata de separatismo de una región?, ¿Odio ancestral a lo ruso, después del imperialismo soviético?, ¿Corrupción, tiranía, intereses comerciales sobre el gas?

A pie de calle, los corresponsales cubren el día a día: asaltos a instituciones públicas por ucranianos pro-rusos y recuperación posterior por ucranianos nacionalistas; tanques ucranianos entre alegres grupos de ciudadanos de Kramatorsk… Un trabajo nada fácil para los reporteros que tienen que cribar informaciones de dudosa veracidad.

Se van dando recortes a la libertad de expresión: periodistas de televisión obligados a dimitir por ser pro-rusos, candidatos golpeados por ser ultranacionalistas, instituciones avasalladas, periodistas a los que se les niega la entrada… Recientemente la representante de la OSCE para la Libertad de Prensa, Dunja Mijatovic, se reunía con el Ministro interino de Relaciones Exteriores de Ucrania, Andrii Deshchytsia, para conocer de primera mano la situación.

En este panorama, una red social como Twitter con su inmediatez resulta un aliado de la libertad. No hace mucho la televisión pública ucraniana eliminó de su cuenta unas fotos y los usuarios reclamaron su reposición. Es frecuente que los corresponsales se vayan avisando de hechos que suceden y se transmitan información. Mirar sus TL ayuda a conocer lo que pasa: @cfranganillo (TVE), @xaviercolas (El Mundo, @lukeharding1968 (The Guardian),  @ASLuhn (The Nation, The Guardian), @Argemino (El Confidencial, El Hufftington Post)…

Sigue siendo esencial el trabajo sobre el terreno de los periodistas, los profesionales que, en palabras de Ramón Lobo, saben “lo que está pasando, por qué sucede, a quién le afecta, cómo afecta a la comunidad de la que tú procedes, para contarlo de la mejor manera”.

Rosario Segura

Filósofa, Investigadora en Comunicación

Fotografía de Kiev por Stuck in Customs via photopin cc

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