Título del libro: El renacimiento del periodismo. Nuevas tecnologías al servicio de su esencia.
Autor: Miguel Ángel Sánchez de la Nieta.
EUNSA. Pamplona, 2016.
172 páginas. 15 €.

La catástrofe de Sichuán en 2008 -que la propia BBC conoció por Twitter- marcó una fecha paradigmática en el discurso sobre el nuevo contexto de la información. Desde entonces, las nuevas tecnologías han puesto en jaque el papel de los medios y la función del periodismo. Y la primera víctima ha sido la prensa escrita: caducidad de las ediciones, aparición de competidores no profesionales, falta de tiempo para verificar los datos, pago frente a gratuidad digital, caída del modelo publicitario, cierre de medios, etc.

Mucho se ha hablado y se seguirá hablando acerca de la crisis del sector. En El renacimiento del periodismo, Miguel Ángel Sánchez de la Nieta, doctor en Periodismo por la Universidad Complutense y profesor de Teoría de la Información en el Centro Universitario Villanueva, recoge los síntomas del mal y los analiza para, superando el desánimo y el tremendismo ante la gravedad de la enfermedad, ofrecer un diagnóstico sincero y aventurar un tratamiento eficaz que permita “resucitar” la profesión.

El libro se dirige a periodistas y empresarios de la comunicación y está escrito con prosa ágil y estructura clara, actualizado con multitud de datos y ejemplos recientes que hacen amena e interesante su lectura; y con un guion dinámico que se va tensando hasta el clímax del capítulo 7: “Vitalidad digital del periodismo de siempre”.

La crisis no es nueva. La II Guerra Mundial que pervirtió la objetividad en propaganda, o la llegada de la televisión que propició el imperio del infoinment en la prensa, ya habían socavado los cimientos del periodismo y generado la desconfianza del público hacia los periodistas. “Lo extraordinario, espectacular, escandaloso y exclusivo se convierten en criterios principales de la información, mientras se desplazan otros criterios profesionales como la relevancia pública, la verificación y el recurso a varias fuentes”, explica Sánchez de la Nieta.

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Cuatro años después del error garrafal, el periodista de El País José María Irujo aún tiene regusto amargo por la publicación de aquella fotografía falsa del presidente venezolano Hugo Chávez, intubado y a punto de entrar en la sala de operaciones de un hospital de Cuba. No es una excepción. En 2011, The Washington Post, The Guardian y CNN recogían una información sobre el secuestro de una joven profesora gay siria-americana que blogueaba sobre las revoluciones en Oriente Medio y que finalmente resultó ser un estadounidense de 40 años, estudiante de un máster en la Universidad de Edimburgo.

El autor desgrana los males que se derivan de la pérdida de identidad periodística: la dificultad para definir verdad y objetividad, y su sustitución por un concepto más blando como “honestidad”, el peligro del descriptivismo –“periodismo de declaraciones”, lo llaman- que acaba en “acedia oficialista” y conlleva la pérdida de la independencia frente a los poderes comerciales y políticos, etc. Recuérdese aquella famosa –e inexistente- lista de doscientos cinco comunistas que el senador McCarthy aseguraba tener en su bolsillo y que “la prensa reprodujo con escrupulosa exactitud y asepsia en nombre de una malentendida objetividad”.

Frente a tamaño servilismo, reivindica la función de la información periodística como bien público esencial que facilita a los ciudadanos el seguimiento adecuado del acontecer político y le permite desenvolverse activamente en democracia. “Si los medios fracasan en su tarea informativa, la democracia se resiente. Si el periodismo se vuelve cortesano y claudica de la búsqueda de la excelencia en el desempeño de sus funciones el daño a la salud de la racionalidad democrática puede ser enorme”. Lo hemos padecido en nuestra condición europea, con referendos como el de Grecia o el Brexit…

Es preciso que los empresarios no aspiren únicamente a una rentabilidad económica sino también a una rentabilidad social, reclama Sánchez de la Nieta. Y para ello no hay otro camino que velar por la independencia y la calidad del periodismo. En palabras de James Gleick, autor de The information: A History, a Theory, a Flood: “El mayor activo de un periódico son sus periodistas. Si un medio triunfa en el futuro será porque siga teniendo docenas de personas con habilidad y experiencia por las que merezca la pena pagar”.

El reto de nuestros días –añade- es “conjugar las nuevas tecnologías, el universo de las redes sociales y la cada vez más activa participación ciudadana, sin perder posiciones en la verificación de contenidos propia del periodismo tradicional”. Quizá a través de lo que el periodista Arcadi Espada llama “elegir el encuadre”, que no contendrá todavía una verdad total, por ser una noticia en desarrollo, sino sustantiva, susceptible de ser ampliada conforme se disponga de datos. O como The Economist y su peculiar aplicación del fridability. “El periodismo no dejará de intentarlo hasta poner pie en la firmeza de un modelo económicamente estable que le permita cumplir sus funciones propias de manera más cualificada”.

Contemplando el cuadro de Jack Vettriano, The single Butler, donde una elegante pareja ejecuta un equilibrado vals a orillas del mar en un día tempestuoso mientras sus sirvientes intentan cubrirlos con sus paraguas, Sánchez de la Nieta insta al periodismo a “volver a bailar, ciertamente sobre una superficie distinta. Distinta, sí, pero no por ello menos adecuada para la consecución de sus funciones y rasgos esenciales. De hecho, nunca se ha visto en otra igual para enriquecerlas”.

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Cristina Abad | @CrisAbadC

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