Quizás es porque hace tres años estuve en este mismo estudio de la cadena SER entrevistando a Gabilondo (Conversaciones 13), pero el hecho es que en esta larga y pausada entrevista con Pilar Velasco (Madrid 1978) tengo la impresión de estar ante una periodista de largo recorrido. Desde hace más de 15 años trabaja en el equipo de investigación de Prisa Radio. A pesar de su juventud, y como en el caso de Gabilondo, tiene una gran facilidad para saltar de la anécdota concreta –un caso, un escándalo, un soborno- a la filosofía que subyace en toda cobertura periodística. Para ella, el periodismo, como cualquier otra profesión, se resume en horas, esfuerzo  y trabajo, mucho trabajo (recuerdo que Gabilondo aquel día lamentó con amargura que hayamos dejado de lado la cultura del esfuerzo).

Si hablamos de ética no duda en sentenciar que es la médula del quehacer periodístico y cuando, haciendo de abogada del diablo, le pregunto cómo puede ser tan fría para levantar las mantas de la corrupción contesta rápido que, ante el abuso de poder, hay que pensar, antes que en el culpable, en los damnificados… que siempre son más.

 

Ha dedicado gran parte de su carrera profesional al periodismo de investigación. Sus primeros trabajos publicados fueros investigaciones ¿Cómo aterriza una estudiante  en un campo tan complejo como éste?

He tenido mucha suerte y llevo muchos años, prácticamente toda mi carrera profesional con algunos breves paréntesis, dedicándome a este tipo de temas con tiempo, con recursos, con buenos equipos…  Cuando terminé la carrera empecé a trabajar en Interviú haciendo reportajes de investigación y ahora llevo quince años aproximadamente en la cadena SER.

 

¿Qué cualidades tiene que tener un periodista de investigación?

Tienes que tener mucha paciencia, ser minucioso, controlar y dominar cada vez más herramientas digitales, conocer el periodismo de datos para estudiar cantidades ingentes de documentación y saber acceder a la información pública. Hay que tener una gran control de las fuentes; tanto de las directas como de las grandes bases de datos públicas. Esto requiere una formación continua que muchos hemos tenido que recibir en el terreno de juego porque no nos han preparado para esto en la facultad.

Y luego saber preguntar y escuchar que es la base de la profesión. En el periodismo de investigación quizás tiene que preguntar más a los documentos, empezar por ahí y luego ir a  la calle. Y cuando vayas, tenerlo todo atado, porque esas entrevistas finales son claves para cerrar un tema. Si tienes una investigación finalizada –con documentación, con datos- pero no consigues que las fuentes lo reconozcan de alguna manera lo puedes sacar pero el broche de oro es cuando la fuente te dice “sí, es así, poco te puedo decir”.

El periodismo de investigación está ligado, al menos en el imaginario colectivo, a las grandes cabeceras de papel. ¿No se siente un poco rara avis investigando en la radio?

Es cierto que a priori la radio no parece el medio más adecuado para este tipo de temas. Sin embargo pienso que hoy, con el entorno digital, esto ha cambiado. Ya no somos solo radio, contamos con muchas más herramientas. La radio tiene un gran impacto, llega en directo y de una forma muy rápida y, para esas partes más farragosas que siempre tienen estas investigaciones y que son más difíciles de contar, tienes el apoyo de la web que te permite hacer gráficos, mapas interactivos, videos, etc

 

No tengo que preguntar a una periodista de investigación qué piensa sobre el periodismo de declaraciones…

Bueno, no hay que demonizarlo pero es cierto que no me gusta el periodismo declarativo… aunque es necesario. Creo que, si me dedicara a cubrir ruedas de prensa, no lo haría bien (además de que me aburriría bastante). Por otra parte, el ritmo vertiginoso de la información y los recortes en las redacciones van en detrimento de la calidad y hacen que se insista más en el periodismo de declaraciones que es mucho más barato.

Por cierto, aprovecho para decir que espero que en esta nueva etapa política terminemos con las ruedas de prensa sin preguntas, que no tienen ningún sentido.

 

¿Cuál ha sido el debate ético más importante que ha tenido en su carrera?

Los periodistas somos obsesivos por naturaleza y la ética es la columna vertebral de tu trabajo, por lo menos el de algunos, así que los debates éticos te acompañan todos los días. No sabría decirte un tema concreto… Para mí un debate ético importante es cuando estás a punto de abandonar un tema y dices, “adelante, un esfuerzo más”. Y después, muchas veces piensas, “si lo hubiera abandonado esto no habría salido”.

 

Detrás del periodismo de investigación siempre hay un acusado, alguien que –como poco- no ha hecho los deberes, alguien al que quizás incluso conoces ¿cómo mantener la frialdad y la distancia para denunciar?

No creo que los temas que abordo sean especialmente complejos en este sentido. Sé que no es un periodismo por el que vaya a recibir christmas en Navidad, pero hay temas que me parecen más complicados: por ejemplo, los temas humanos. Esos sí que te los llevas a casa y es mucho más difícil distanciarse.

El abuso de poder no cuesta denunciarlo. Además en todos estos casos siempre hay perjudicados y suelen ser más de los que se han beneficiado.

 

Vamos a hablar de referentes: ¿Quién le gustaría ser de mayor?

Ja, ja. Pues voy a elegir a los dos grandes: me encantaría ser mitad Alan Rusbridger y mitad Jill Abramson. Me encanta de la pasta de la que está hecha esta mujer, que podría parecer fría por su carácter, por cómo aborda su profesión. La calificaban de abrasiva y ella contestaba que a estas alturas no nos íbamos a engañar y que hay un doble rasero para medir hombres y mujeres porque hay muchísimos directivos con ese carácter y nadie dice nada. Me admira por su constancia, por su valentía. No hay que olvidar que ella afrontó los grandes casos de espionaje en la etapa de George Bush, que no debió ser fácil, y continuó con exclusivas en la época de Obama sosteniendo presiones muy fuertes por parte del Gobierno.

Y Rusbridger lo mismo; ha optado por elegir historias muy difíciles en momentos muy serios. Hace poco recogieron el Pulitzer por su trabajo de los papeles de Snowden pero no hay que olvidar que, por ese caso, a los periodistas de The Guardian no les renovaban sus contratos y que, con esa investigación, estaban poniendo en peligro sus puestos de trabajo y su negocio.

Me gusta como estos dos periodistas, directivos, aguantan la presión. Lo fácil es ser periodista de investigación pero lo más difícil es estar en un puesto de dirección. Yo puedo trabajar 20 horas en un tema, estar todo el día en la calle investigando, pero lo difícil es estar en un despacho aguantando las presiones. Esa resistencia al poder es lo que caracteriza a los grandes medios.

 

Parte de su formación se ha desarrollado en Estados Unidos y ha estado en contacto con ProPública, ¿qué nos puede decir de este medio?

Lo importante de Propublica es que han sido capaces de generar un periodismo de grandes temas, de investigación y de denuncia, con un modelo económico que les ha permitido una independencia prácticamente total. Es un modelo que no es transportable tal cual a Europa, donde no hay tradición de estas donaciones millonarias pero del que podemos aprender muchas cosas, entre otras, su apertura a lo internacional. Su idea del trabajo en red. Ahora mismo lo local es global y lo nacional, europeo. Y a la hora de investigar es muy bueno tenerlo en cuenta.

 

¿Qué puede enseñarnos Paul Steiger?

Steiger es uno de los grandes. Conoce el nuevo periodismo –Propublica es un ejemplo de ese nuevo periodismo- y el clásico, conoce las redacciones tradicionales y ha fichado a grandes periodistas. Nos puede enseñar muchas cosas. En estos momentos de crisis, de recortes, un periodista como él -que dice “haz periodismo y hazlo bien y dedícale mucho trabajo y muchas horas, que eso tiene su recompensa y, al final, las bases del buen periodismo no van a cambiar aunque las historias se cuenten de una forma de otra”- puede ser un estupendo maestro.

 

Ana Sánchez de la Nieta | @AnaSanchezNieta