El periodismo de investigación es un contrapeso eficaz al poder y, por eso, un aliado de la democracia. Pero cuesta tiempo y dinero, lo cual es un problema para muchos medios, ya de por sí apurados por encontrar modelos de negocio rentables. La respuesta del veterano periodista Paul Steiger a este problema fue crear ProPublica, un medio que resulta interesante tanto por su visión del periodismo como por su modelo de financiación. El 26 de enero, a las 19:00, Steiger estará en Madrid en el encuentro anual de periodistas Conversaciones.

Nacido en el Bronx en 1942 y licenciado en Económicas por la Universidad de Yale, Steiger comenzó su carrera periodística en The Wall Street Journal. Tenía 23 años, y el periodismo norteamericano estaba en ebullición con la batalla por los derechos civiles de los negros y la Guerra de Vietnam.

El Watergate, destapado en 1972, fue otro motivo de euforia para la profesión. Steiger escribía entonces en Los Angeles Times. De aquellos acontecimientos convulsos sacó la convicción de que el periodismo debía servir para denunciar “los comportamientos inaceptables de la autoridad, incluidos los sherriffs sureños o los soldados en Vietnam”, explica.

Helicópteros contra la corrupción

Poco a poco, fue calando la idea entre los editores de que para sacar a la luz los abusos del poder, había que gastar más dinero. Los vientos de la publicidad soplaban a favor: los ingresos seguían aumentando, pese al incipiente descenso de la tirada de periódicos por la competencia de la televisión, y las facilidades eran muchas.

Steiger recuerda una anécdota ilustrativa: “Cuando Los Angeles Times investigó el presunto acaparamiento del petróleo durante la crisis de escasez de 1979, un reportero propuso sobrevolar las refinerías y los tanques de almacenamiento para buscar pruebas. Como responsable de la cobertura de esa información, pedí permiso a mis jefes para contratar helicópteros o avionetas. La respuesta fue: adelante”. Finalmente, no los usaron. Pero la lección se le quedó grabada: “Cuando se trata de contar una historia relevante, no te preocupes por el dinero”.

Con este contexto, se entiende por qué a Steiger le molesta que hoy se diga tan alegremente que estamos en una nueva edad de oro del periodismo solo porque Internet permita a cualquiera convertirse en editor. No hay que olvidar, dice, que la moda del “todo gratis” ha propiciado el derrumbe de un modelo de negocio que hasta ahora había jugado a favor del periodismo de calidad.

Un periodismo que mejore el mundo

Tras 15 años en Los Angeles Times, Steiger se reincorporó a The Wall Street Journal. Allí escribió durante 26 años. Bajo su batuta como director de información, entre 1991 y 2007, el periódico ganó 16 Premios Pulitzer.

En 2008 fundó ProPublica, una agencia de noticias sin ánimo de lucro especializada en reportajes de investigación. Dos años después, se convertiría en el primer medio digital que obtenía un Pulitzer, por una historia de la periodista Sheri Fink sobre el uso de la eutanasia en Nueva Orleans para aligerar el número de pacientes hospitalizados tras el Huracán Katrina. En 2011, llegaría el segundo Pulitzer, por una serie de reportajes sobre banqueros de Wall Street que se habían enriquecido a costa de sus clientes y de sus compañías.

ProPublica lleva a la práctica la misión que según Steiger debería cumplir el periodismo de investigación: “Sacar a la luz la explotación del débil a manos del fuerte y el abuso de la confianza ciudadana”, a través de “historias verdaderamente relevantes, historias con fuerza moral”. “Seguimos la mejor tradición del periodismo como servicio público, para provocar cambios positivos”, dice la web de ProPublica*.

La información de calidad no es un lujo

En tiempos de apuros económicos, los medios tienden a ver el periodismo de investigación como un lujo del que se puede prescindir. Pero Steiger recuerda lo que este aporta al control democrático del poder. “Es caro, pero es importante y necesario. Tanto como la educación o la cultura. Quien comparta esa idea donará dinero”, explicaba a Barbara Celis en una entrevista para El País.

ProPublica nació gracias a los 10 millones de dólares que pusieron los filántropos Herbert y Marion Sandler. Las donaciones siguen siendo su principal fuente de financiación, aunque también ha empezado a probar con la publicidad y la venta de datos y libros electrónicos. En 2010, los becarios tenían un sueldo mensual de 2.800 dólares. “Si quieres calidad, hay que pagar por ella”, dice Steiger.

Como ProPublica no tiene ánimo de lucro, casi todos sus reportajes están disponibles bajo licencias Creative Commons. Para darles mayor difusión, suelen publicarlos en los grandes diarios o en alguno de los más de 100 medios con los que tiene acuerdos.

“ProPublica no solo ha demostrado que su modelo es viable –escribe Celis–, sino que el periodismo de investigación, desterrado o reducido a la mínima expresión de muchas grandes cabeceras por sus altos costes, interesa a los lectores”. Pero Steiger es consciente de que el modelo ha funcionado en EE.UU., porque hay tradición filantrópica, algo que falta en Europa.

Juan Meseguer (Aceprensa)

* ¿Qué es Propublica? El periodismo como ONG, El Mundo, 20 de junio de 2014

 

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