Montse Domínguez es una veterana del periodismo reconvertida al universo digital, como directora, en España, de un medio acostumbrado a la disrupción del mundo online, diseñado sin más barreras que la del idioma. Después de muchos años de micrófono, cámaras y acción, su historia de adaptación refleja bien la actitud de los periodistas más tradicionales al nuevo rol que exigen los tiempos y las audiencias. Hablamos con ella en su despacho del Huffington Post, una redacción nativa digital ubicada en los riñones de Prisa. Arriba, El País. Abajo, la calle. En medio, un modelo de producto periodístico del siglo XXI, con su ADN particular, y abierto a los lectores de su misma generación.

 

¿Los medios nativos digitales tienen ya un hueco asentado en la audiencia española?
Absolutamente. La gran mayoría de los ciudadanos españoles se informa a través de los medios online. La televisión y la radio siguen teniendo mucha fuerza, pero son conscientes de que, o tienen canales de información digital, o se perderán una parte muy importante de nuestros lectores.

 

En medios como el Huffington Post entiendo que la innovación técnica, de formatos, de contenidos, son una exigencia constante. ¿Cómo se incorpora ese chip a los periodistas que vienen de una redacción tradicional?
El caso del Huffington Post es curioso. Empezó hace 11 años y una de las razones de su éxito en Estados Unidos, donde es el diario online más leído, es que, desde el primer momento, técnicos y periodistas trabajaban conjuntamente. Esa incomprensión que hubo siempre entre la parte editorial y el equipo técnico, aquí no se producía. Al contrario. Esa confluencia entre los dos es lo que ha hecho que el Huffington Post sea un periódico muy ágil, que ha marcado camino a otros muchos.

 

¿El ritmo de esa adaptación avanza en el gremio?
Salvo yo, la redacción del Huffington Post es muy joven y todos son nativos digitales. Pero sé por otros compañeros de otros medios que la adaptación al periodismo online está siendo bastante traumática. También conozco a muchos periodistas veteranos, con muchos años de papel o de micrófono a sus espaldas, que han captado fantástica y rápidamente la importancia del mundo digital. Y también conozco a otros que se resisten de una manera numantina, lo cual es una pena, porque necesitamos ese bagaje, pero adaptado a las nuevas formas de producir y consumir información en la red.

 

¿El formato gana peso en el nuevo periodismo?
En el Huffington Post lo primero que nos planteamos al preparar una noticia es qué formato le vamos a dar. Ahora hay informaciones que se cuentan mejor con una infografía, con música y dos imágenes… Las nuevas generaciones no leen prácticamente nada, y sin embargo quieren información. Tenemos que encontrar la manera de llegar también a esos públicos.
Una buena crónica, bien escrita, bien articulada, con buena información es siempre un placer leerla, pero hay otro tipo de informaciones más instantáneas que necesitan una mente capaz de acertar con la manera de hacerla visual para que llegue al lector.

 

¿Qué papel tienen los medios tradicionales en este contexto? ¿Tiran, o van a remolque? ¿Pintan algo los medios españoles en la revolución mediática universal?
El País, por ejemplo, es un medio de referencia internacional desde hace tiempo, porque el impacto que tiene en América Latina es brutal. Pero no es fácil para los diarios tener una dimensión global. El caso del Huffington Post es curioso, porque, aparte de la casa madre en Estados Unidos, hay 17 ediciones internacionales. No hay muchos otros ejemplos periodísticos de un medio que se dirige a ciudadanos de 17 países diferentes, y a cada uno en su propio idioma. No es fácil subirse al tren de la globalización.

 

¿El presente y el futuro del periodismo deben mirar con lupa la robotización de los contenidos?
El problema de los medios es que nos roboticemos nosotros y acabemos siendo máquinas que sólo piensan en la audiencia, en titulares para la audiencia, y sólo hagamos contenidos absolutamente digeribles y masticables para todos los públicos… Ese es nuestro gran riesgo.

 

¿La robotización es buena compañera de trabajo de la creatividad?
Si tienes la aspiración de permanecer e influir, y asumes que tienes una responsabilidad social con los lectores, la originalidad y la diferenciación son opciones fundamentales en esta profesión. No puede ser que entremos en 48 medios online, o en las versiones online de los periódicos tradicionales, y te encuentres, prácticamente, las mismas noticias. Crear su propio estilo es trabajo de cada medio. Tenemos el compromiso con nuestros lectores de ofrecerles algo más que un titular simplón y cuatro datos con los que alimentar ese instinto rápido que tenemos ahora de “información basura”, básica, rápida, inmediata y sin ningún tipo de filtro.

 

¿El seguimiento de las audiencias condiciona nuestra profesión más de la cuenta?
Los datos han sido importantes siempre. Recordemos que detrás de cada medio hay empresas con interés comercial. Nunca habíamos tenido datos tan fidedignos sobre nuestros lectores, y eso es bueno, porque nos permite trabajar sobre datos ciertos, y no según nuestras propias intuiciones. ¿Cuál es el riesgo? Que nos dejemos arrastrar por el clic, clic, clic, y nada más.
Arianna Huffington, la fundadora de nuestro diario, dice que hay informaciones que son clic para hoy, y nada para mañana. Los medios que tenemos vocación de perdurar, de influir en la opinión pública, de ofrecer contexto, y no sólo información inmediata, debemos tener un ojo puesto en los datos de audiencia, que nos ayudan a ser mejores periodistas, pero no debemos volvernos locos, porque el clic fácil no nos llevan a ningún sitio, sin despreciar lo que los datos nos dicen. Esa es la gran disrupción que estamos afrontando en estos momentos.

 

Mucha información nos llega hoy a través de las redes sociales. Facebook es un canal preminente de distribución de la información. Ni todas las noticias que llegan por ese canal son ciertas, ni toda la gente que interactúa en redes sociales son periodistas. ¿Cuál es el papel de un medio en esa criba de la verdad?
La potencia de Facebook como gran distribuidor global de contenidos la estamos empezando a conocer ahora. El caso de las elecciones americanas nos ha demostrado que, en algunos momentos, hubo más noticias compartidas falsas que auténticas. Eso no había ocurrido nunca antes. Pero es lógico, porque los medios de comunicación ya no controlamos la distribución de información, ni somos los únicos emisores. Cualquiera puede colocar información en esa gran distribuidora de contenidos que es Facebook, que después nosotros leemos, compartimos y recomendamos a nuestros amigos, mientras se hace más y más viral. Ser capaces de decantar las fuentes de información, qué es fiable, qué es propaganda y qué basura es un reto brutal, pero no sólo de los periodistas, sino de todos los ciudadanos.

 

En ese contexto, ¿el papel de los medios ha cambiado?
La gran tarea periodística es seguir ofreciendo el sello de calidad de que todo lo que publico en mi medio de comunicación está contrastado. Luego están las opiniones, que son libres. Con el tiempo, toda esta efervescencia se irá reduciendo, y los ciudadanos acabarán acudiendo a fuentes fiables, que somos nosotros, para recoger la información. Para eso es muy importante también que las redes sociales se pongan las pilas y no favorezcan la distribución y la manipulación de fuentes cuyas intenciones, cuyo accionariado, y cuyos intereses no están claros.

 

Después de tantos años de experiencia en televisión, en radio, en prensa digital, ¿cuál es su visión del periodismo, ahora mismo?
Jamás he compartido esos juicios agoreros de que el periodismo estaba muriendo… Es verdad que moría una forma de hacer y un modelo de industria, porque el cambio ha sido brutal, pero todas las incertidumbres que nos caen encima como ciudadanos exigen una información cada vez mejor.

 

¿Estamos bien predispuestos al cambio?
Estamos en una magnífica era para los periodistas que sepan desaprender los viejos paradigmas en que nos movíamos, y aprender los nuevos. Una de las ventajas que he tenido en esta profesión es que me he movido tanto que no me ha quedado más remedio que ir aprendiendo en cada etapa. Es algo a lo que debemos habituarnos todos. Lo que aprendí hace cuatro años sobre periodismo online al llegar al Huffington Post no tiene nada que ver con lo que está ocurriendo ahora mismo. Hay que mantener el espíritu curioso que los periodistas debemos tener casi de marca. Para una ciudadanía que quiera bajar el nivel de ruido informativo ambiental, nuestro papel es más necesario que nunca.

 

 

Álvaro Sánchez León | @asanleo