Desde siempre tuvo muy claro que quería dedicarse al periodismo porque quería influir. En 1997 se licenció en Periodismo y actualmente es la decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Para ella, el periodista es aquel que “tiene pasión por el mundo y pasión por contar al mundo las cosas sobre el mundo”. Y esto requiere “una formación que ponga la verdad sobre el mundo y sobre el hombre en primer plano”, destaca.

Tuvo la suerte de formarse junto a uno de los impulsores de la Facultad: don Alfonso Nieto, antiguo Rector de la Universidad de Navarra y Decano de la Facultad de Comunicación, quien concebía la comunicación “como una ciencia, pero también como lo más bonito que hay en el mundo, que es el arte”. Imparte su actividad docente en el ámbito de la Empresa Informativa, aunque su papel de decana le permite estar en contacto con la ficción, la comunicación persuasiva, el mundo digital, las redes…

Sabe que son momentos duros, pero no le gusta quedarse en ensueños de un pasado mejor, que a saber si realmente existió. Lo importante es la batalla de ahora. “A veces pretendemos unos cambios estructurales que no van a llegar nunca. Y es dentro de esa misma estructura donde uno tiene que encontrar su espacio de libertad y su espacio de contribución al bien y a la mejora del mundo de la comunicación”.

Al hablar de la Facultad de Comunicación se siente heredera de un legado aportado por aquellos que pusieron en marcha el Instituto de Periodismo. “Yo creo que San Josemaría era un hombre profundamente convencido de la fuerza de la verdad y esto le hizo comprender la importancia del periodismo y la necesidad de que los profesionales amaran la verdad”. Animados por San Josemaría, los pioneros de la facultad fueron capaces de trabajar para elevar a rango universitario el periodismo con dos principios: la innovación permanente y la anticipación a los cambios. Mantiene estos principios en la facultad y trata de contagiarlos a todos los que pasan por sus aulas.

Al reflexionar sobre su tarea, sin embargo, pone énfasis en otro aspecto: la necesidad de recuperar la autoridad fundada en el saber. “Las facultades tenemos un reto muy relacionado con la autoridad. Ahora cualquiera puede decir “soy periodista porque tengo un blog”. ¿Dónde está la autoridad? En cierta manera las facultades tenemos que reconquistar esa autoridad epistemológica: somos profesionales de la comunicación porque sabemos”. No es un desafío fácil. Se trata de formar profesionales que conozcan no solamente los lenguajes, sino los fundamentos de la comunicación, tanto teóricos como prácticos. Así, las facultades recuperarán esta autoridad: “Lo haremos cuando saquemos a la calle, al mercado, a profesionales verdaderamente asentados y formados en los principios permanentes y en los que van cambiando”.

Resalta también que la relación con el Opus Dei permite a la facultad moverse con planteamientos más universales y elementales, lo cual acaba siendo garantía de libertad. “Lo que nos importa, los valores en los que nos preocupa formar a nuestros alumnos, apela a cuestiones que son mucho más universales y mucho más aceptables comúnmente de lo que podemos pensar. Esto hace que gente de posiciones ideológicas contrapuestas -de derechas, izquierdas, centros, nacionalistas, partidarios de un estado español o de un estado confederal- considere que aquí va a poder hablar o va a poder formarse”.

No tiene reparos para decir que el periodismo es “una profesión que el mundo necesita y sin embargo, a veces, es una profesión mal pagada”. Por eso anima a crecer en un sentido de autoestima colectiva y a hacer más cuerpo dentro de la propia profesión.