Resumir su trayectoria no es sencillo. Mario Tascón (Ponferrada, León, 1962) llegó al periodismo “por una serie de casualidades” y desde que aterrizara en El Mundo en 1989 su nombre va asociado a innovación y liderazgo: primer director de elmundo.es, donde estuvo hasta el año 2000; pasa después a Prisa como director general del área digital hasta 2008. Consultor de medios internacionales y empresas, dirige además el “Manual del español para Internet, redes sociales y nuevos medios” de Fundéu y es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. “Más o menos periodista”, según su biografía de Twitter, su ocupación actual se llama Prodigioso Volcán.

 

¿Por qué Periodismo?

Por una serie de casualidades, como todo. Mi madre fue locutora y era un mundo que conocía bien desde pequeño. Queríamos montar un periódico en Ponferrada y de los promotores yo era el menos significado políticamente y el que parecía más apropiado para ser el director.

¿No es un poco contradictorio que cuando la sociedad de la información está en auge el periodismo esté en crisis?

La crisis principal del periodismo es una crisis de credibilidad. En una crisis económica y social como la actual, la sociedad ha estimado que los periodistas son culpables por no haber visto, por no haber advertido, por ser cómplices del poder.

¿Cómo se puede salir de esa rueda?

Volviendo a hacer periódicos que no dependan del poder. Los periodistas piden transparencia y sus compañías no lo son. Por eso tienen éxito los bloggers y empieza a haber filtraciones fuera de los medios tradicionales. Los medios son sospechosos. Estas cosas son las que le tienen que preocupar a la prensa, más que el debate sobre el modelo de negocio.

El periodismo de opinión, la clásica columna de opinión ¿pertenece al pasado o se va a reforzar en el futuro?

Sigue siendo importante. Información hay de sobra, lo que falta hoy -y quienes pueden acertar- son la  gente que hace análisis.

Se dice que los jóvenes leen poca prensa. ¿Cómo acercarles al periodismo?

Muchas veces se parte de premisas erróneas: una es que la gente joven en algún momento leyó prensa. Los lectores de periódicos siempre han sido una élite y ahora tienen otros mecanismos para informarse. El periodismo en general –con excepciones muy loables- cada vez es peor, por problemas económicos, de formación, por desenfoque, por desencuentros con la sociedad… desde ahí es muy difícil atraer a nadie. En esta época de crisis todo el mundo se cree que es García Márquez escribiendo y no es verdad. Pienso que habría que hacer un pequeño esfuerzo de humildad.

¿Los lectores están dispuestos a pagar por contenidos?

La gente está dispuesta a pagar por algo que necesita. Me parece que el planteamiento del pago por las noticias es equivocado, porque -de base- hay un retorno al modelo antiguo. Eso no quiere decir que se pueda cobrar por cosas que tengan valor, ahí está Bloomberg. Pero la cuestión es que hay que rehacer todo el modelo profesional, igual que se está rehaciendo la sociedad.

Entonces, ¿cuántas posibilidades de financiación tenemos?

Múltiples, lo que hay que hacer es variar el negocio en su conjunto. El periodismo es un sitio donde no se sabe de cuentas, sabemos de cuentos, como se suele decir. Sólo pensamos en los ingresos y no en gestionar los gastos de otra manera. Durante mucho tiempo hemos creído que podíamos competir con Google o Twitter en su terreno -¡hay que ser valientes para pensar esto!- y hemos dedicado cantidades ingentes a tecnología y, en cambio, no se invirtió en ver cómo eran los contenidos y las narrativas de futuro, cómo quería recibir la gente las informaciones. Seguimos pensando que los periódicos son grandes fábricas donde conseguir beneficios a base de recortar personal y lo único que se piensa es “a ver si podemos exprimir más a los periodistas”.

Eso suena a explotación del periodista…

Hemos estirado de tal manera el trabajo del periodista que luego nos asombramos de que las cosas no se hagan bien. Piensa que los periodistas antes eran unos tipos que buscaban información, la escribían y luego la entregaban al editor. Esto ha cambiado radicalmente. Ahora al periodista se le exige todo: yo busco la noticia, filmo un vídeo, locuto, subtitulo, con el pie derecho tuiteo y luego, por la noche, si tengo un rato, blogueo y así solo llego a un mínimo de calidad porque es imposible llegar a otra cosa. Como además hay teóricos que sostienen esto –sospecho que porque en su vida han trabajado en un medio o solo lo han visto de lejos- los periodistas se sienten mal porque piensan que si no lo hacen son malos periodistas o no están en el futuro. Creo que en algún momento habría que alertar hasta qué punto este planteamiento es una mentira.

¿Cuál es el papel de las redes sociales en el Periodismo actual?

Ha hecho visualizar cosas que ya tenía internet y ha dado herramientas muy democráticas. Los medios de comunicación están teniendo porcentajes muy altos de tráfico que proviene de ahí y además es creciente. Es un territorio para las marcas personales. Y hoy día la gente visualiza cada vez más la agenda en las redes sociales. La principal portada para un colectivo bastante amplio y muy cercano al que leía  periódicos, empieza a ser Twitter. La nueva portada tiene forma de timeline y un modelo de lectura distinto. Al final esto es un ecosistema donde lo digital tiene cada vez más fuerza.

En este panorama, ¿es segura la muerte del papel?

Yo no veo para nada descartable que siga habiendo papel. El papel es un producto incluso barato, cuesta más hacer una app. Hay que hacer el ecosistema de la marca en el que el papel puede jugar mucho o poco, pero puede jugar.

¿Dónde está el futuro de la profesión?

Ahora mismo hay muchísimas iniciativas nuevas muy interesantes, pero todas están fuera de los medios. Estoy pensando en el periodismo de datos, en los medios hiperlocales, sistemas de agregación de noticias, análisis semántico, agregadores arrevistados, infografías… incluso el famoso Snowfall del NYT que, en gran parte, les tuvieron que ayudar fuera de los medios. Ahora los jóvenes quieren trabajar en esos sitios que están haciendo cosas nuevas. Lo cool es trabajar en Google. Los medios tradicionales hemos perdido un poco el glamour. Esta es una lectura negativa para los medios pero positiva para otros entornos de la comunicación.