A principios de 2011, Jordi Pérez Colomé (Barcelona, 1976) puso en marcha ObamaWorld, un blog sobre la influencia de la política internacional americana y, un año después, era el primer periodista freelance (en España) en  incluir en su plataforma un sistema de donaciones para llevar a cabo su trabajo. Una etapa en la que supo aprovechar la época dorada de Twitter para hacer de la red su propio medio de comunicación y aprendió a sacarse las castañas del fuego para venderlas al mejor postor.

Después, en febrero de 2015, se convertía en el segundo redactor en incorporarse al, en aquel momento gestante, El Español, tras el fichaje de Daniel Basteiro. Una mudanza a Madrid y un nuevo foco de interés –la actualidad nacional- que ya han dado algunos frutos muy interesantes. Entre otros, largos perfiles de los candidatos electorales, al estilo The New Yorker, y una serie sobre la época más oscura del periodismo en Cataluña.

 

¿Qué le ha sorprendido más de la puesta en marcha de El Español?

A veces bromeo con los compañeros porque para mí es un experimento antropológico: ver cómo un grupo humano se pone en marcha para hacer algo que no se había hecho exactamente  igual, en un mundo nuevo, el digital, con un tipo de director y un equipo que viene de otras experiencias. Yo mismo he cambiado mi ámbito de interés, de internacional a nacional, con lo cual lo estoy viviendo con un gran interés antropológico.

 

Cuando era freelance, ¿cómo se organizaba el trabajo?

Cubrir temas internacionales desde Barcelona implica viajar mucho e intentar explicar muy bien lo que ocurre. Si estoy de viaje intento centrarme en lo que veo, pero, por ejemplo, si hay una reforma del sistema sanitario en Estados Unidos, creo el mérito no está tanto en contar qué ocurre en los despachos de Washington –porque toda la información es inmediatamente pública- sino en explicar bien qué quiere Obama con esta reforma sanitaria, y eso se puede hacer desde cualquier lugar.

Las dos cosas son compatibles: Hay campo para trabajar de lejos y contar bien las cosas y obviamente hay campo –porque es como debe ser el periodismo- para verlo desde cerca y hablar de los temas que estás fuera de los parlamentos y los tribunales pero que en la calle son importantes. Por ejemplo, de la primavera árabe.

 

¿Cómo se hace eso sin equipo?

No tener un equipo técnico detrás, o audiovisual, o estar solo intentando buscar información por El Cairo o en Florida, es un problema. Quizá el más grave de trabajar solo. A veces, cuando no llegas a la fuente principal, tienes que confiar en fuentes secundarias para intentar explicar las cosas mejor. Yo lo que hacía era intentar centrarme en los beneficios.

 

¿Qué puede decir de El libro negro del periodismo en Cataluña?

Fue una petición del director de El Español. Estábamos en verano, el periódico estaba construyéndose, iba a haber elecciones en Cataluña y era una forma de tratar un tema catalán, del que se había hablado poco, con cierta profundidad. Aproveché que el periódico no estaba en marcha y los encargos extraordinarios eran muy limitados para centrarme en eso. El encargo fue en junio y lo publicamos en septiembre. Estuve casi 3 meses haciendo las 80 entrevistas y documentándome.

 

¿Cuál es su impresión después de haberlo investigado a fondo?

Para mí, la palabra que define un trabajo como El libro negro del periodismo en Cataluña es la ambigüedad. Resulta fácil que alguien desde fuera juzgue, pero yo me he encontrado con gente que durante años ha tenido que convivir con dudas continuas sobre cómo hacerlo mejor. Llegar desde fuera y juzgarlo me parece excesivo, gratuito. Lo que yo he intentado hacer es entender un momento determinado de la historia del periodismo en Cataluña y explicarlo de la mejor manera posible, con la complicidad de gente que estuvo ahí, para que todos –los que estaban dentro y los que estamos fuera- entendamos mejor ese momento y a partir de ahí, construyamos algo, quizá no diferente, porque las presiones siguen tanto dentro de Cataluña como fuera, pero sí con la conciencia de que hay pasos que dar en alguna dirección.

Es fácil decir “es culpa de esta gente, nosotros somos los puros”. Simplemente hay que entender que este oficio no ocurre en un vacío, sino que ocurre entre poderes, y entender cómo funcionan esos poderes es útil, tanto para periodistas como para ciudadanos.

¿Cómo se conjugan los textos largos, que requieren mucha investigación, con el ritmo de una publicación digital como El Español?

Pues mal (y se ríe). Creo que es una decisión que va un poco más allá del periodista y recae en la empresa, que apuesta por un producto porque cree que a final del mes, o del trimestre, o del año, es lo que le va a distinguir respecto al vértigo del día a día, que es algo que todos los medios tienen más a mano. Que te encarguen algo que requiere más de 3 días de trabajo debe ser una responsabilidad del jefe de sección, del director del medio o del Consejero Delegado.

 

Revista El Ciervo, Eldiario.es, un blog de política americana, El Español… ¿ha cambiado su línea editorial o realmente los medios buscan la objetividad?

Cada periodista tiene un margen razonable para contar lo que encuentra. Tú eres libre de proponer a tu director los temas que encuentres, sabiendo que unos gustarán más o menos, y la empresa es libre de razonar, titular de una manera o buscar otro tipo de enfoque.  El trabajo de todos tiene que ser presionarnos mutuamente para intentar que las cosas se sepan, cuanto más mejor, en el momento adecuado. Yo haría un favor gratuito a mi oficio si me quedara en lo banal, en lo fácil, porque alguien espera de mí información de carril (que es la que va saliendo sí o sí).

 

Ha trabajado mucho tiempo por su cuenta, ¿qué cosas ha aprendido que le servirían a alguien que está empezando?

Cuando empiezas una carrera como periodismo, que es relativamente fácil, te das cuenta de que hay muchísima gente preparada, capaz de hacer cosas similares a las tuyas. Empiezas a diferenciarte cuando pones muchas horas de trabajo. Yo noto mucho que si, para escribir una historia, he tenido diez horas en lugar de seis, o tres días en lugar de uno, la historia es mejor. Claro, si yo utilizo esas horas para algo: afilar frases, buscar más detalles, buscar color, intentar hablar con una cuarta, quinta, decimosexta persona… Las horas que dedicamos no solo sirven para que el producto final sea mejor sino para que tú aprendas a buscar más allá de lo obvio.

 

Desde el punto de vista ético, ¿cuál ha sido el mayor problema al que se ha enfrentado en su carrera?

No creo que haya uno: En periodismo el conflicto ético es cotidiano. Ayer, por ejemplo: estaba acabando una pieza y, cuando me quedaba media hora para entregarla, vi una frase que pensé “esta frase no se la he preguntado bien a tal persona. Debería quitarla porque no tengo una segunda (o una tercera) confirmación y si no, cuando mañana en Twitter me crujan por haber puesto eso, no voy a poder defenderlo.”

No hay un solo conflicto ético sino que es la constante de pensar: Todo esto que va debajo de mi firma lo puedo declarar en un juzgado porque lo he comprobado y, si me han engañado, han sido más de tres o cuatro personas.

 

¿Qué importancia da al periodismo de declaraciones?

Muy relativa, porque si tú no preguntas algo que estás buscando, lo que te van a contar es lo que ellos quieren que salga. Es obvio que a veces la sociedad quiere saber qué dice el presidente del Real Madrid o el del gobierno, pero hay que cogerlo con pinzas porque es un mensaje que va sin filtro. En periodismo es clave distinguir las puras declaraciones de los hechos, y para eso hace falta tiempo y recursos.

 

¿Qué espera del año nuevo para el periodismo español?

Un Congreso de los Diputados completamente nuevo, mucho más abierto y plural, más libre y con más fuentes de información, con mayor acceso para que los periodistas puedan contar cosas. Es una bendición para el sector y para toda la sociedad el hecho de que no hay solo dos partidos en comisiones y de que haya diputados nuevos que pueden ver todo, no de manera más libre, pero sí con más naturalidad.

 

¿Quién ha sido su modelo dentro de esta profesión?

Me he fijado mucho en el periodismo anglosajón y ellos le dan mucha importancia, aparte de trabajar las fuentes y conocer los hechos, a explicarlos bien. Para mí ha sido clave gente clásica del New Yorker, como E. B. White o Liebling. De ellos he aprendido cómo se forma una frase, cómo empezar un texto para captar la atención o en qué momento tienes que dar una píldora de detalle o no enrollarte… Más allá del puro periodismo me he centrado mucho en intentar averiguar cómo funciona el lenguaje de la actualidad y cómo captar la atención de alguien durante toda la historia.

 

¿Merece la pena estudiar periodismo?

Sí y no. Es útil saber las cosas básicas del oficio pero quizá alargarlo a 4 años es demasiado. Donde aprendes de verdad es, no solo trabajando, sino leyendo a otros periodistas y viendo cómo lo hacen.

Hay que saber cómo funciona una cámara y la escritura. De hecho, yo he sido profesor de redacción y he visto que tiene sentido; desde el principio al final de la asignatura los chavales valoraban que se les contaba algo que nunca se habían parado a pensar. Hay una especie de artesanía en este oficio pero quizá en 4 años aprendes demasiado.

 

En los últimos años la crisis ha arrasado en el sector de los medios, ¿sobrevivirá el sector?

Hay algo que se mantiene inalterable: la gente quiere saber qué pasa. En la esquina, cuando juega su equipo, cuando hay elecciones en un país vecino, o en éste… Por eso, el margen de crecimiento para los periodistas es que hay interés por nuestro oficio.

Si el modelo de negocio pasa del papel a la web, si ahora domina la tele y luego la radio sabe colocarse, son maneras que tenemos de intentar sacar más partido a nuestro trabajo pero lo nuestro siempre será intentar contar bien las cosas que pasan porque hay gente  a la que le interesa. Cuanto mejor lo hagamos, de la manera más honesta posible, más valor tendrá y más gente vendrá a verlo.

 

Carmen García Herrería | @carmengherreria