Hace algunos años, el oficio de vaticanista -periodista especializado en la información de la Iglesia Católica- podía parecer, desde fuera, como un paseo bajo una lluvia anodina. Sin embargo, desde la llegada del “huracán Francisco”, son pocos los que no se interesan por cada uno de los gestos del líder religioso.

En el año 2003, Javier Martínez-Brocal (Granada, 1978) cambió su trabajo en Telecinco por la agencia televisiva Rome Reports, que ahora dirige: “Pasé de las misses a las misas”. En su equipo, diecisiete periodistas cubren, en tres idiomas (español, inglés e italiano), la actividad papal para medios de todo el mundo.

En estos años, Brocal ha sido testigo directo de las sorpresas, crisis y cambios que han rodeado a cada uno de los pontífices. Sin ir más lejos, el pasado fin de semana siguió muy de cerca, como casi todos los medios de los cinco continentes, la visita del Papa Francisco a la isla de Lesbos.

Este fin de semana el Papa Francisco ha sido el primero de los líderes mundiales en visitar la Isla de Lesbos y llevarse a casa a 12 refugiados sirios. Desde el punto de vista periodístico, ¿Cuál es su valoración de esta visita? ¿Piensa que un gesto así, por parte de un líder religioso, puede influir en los dirigentes de la Unión Europea?
El Papa ha conseguido su objetivo. Estoy convencido de que ha puesto la crisis de refugiados a otro nivel. Nos ha llevado a todos dentro de un campo de refugiados, mostrando sus rostros y su dolor ha invitado a una solución humanitaria, que supere las frías medidas de la burocracia. No sé si cambiarán las políticas, pero ya no podemos decir “yo no sabía lo que estaba pasando allí”.

Cuando no hay acontecimientos de este tipo, ¿la actualidad de un Papa da para sacar noticias todos los días?, ¿No es un trabajo muy rutinario?
El Papa toca todos los temas de la actualidad. Cuando hablamos de él, hablamos de moda, de religión por supuesto, de política internacional, de sociedad, de cuestiones como la inmigración, el medio ambiente, cuestiones científicas… Esto da mucho juego y podemos sacar noticias todos los días. Efectivamente, no siempre serán de primera plana pero da una perspectiva de la actualidad y del mundo que no encontramos en ningún otro campo. Para mí, profesionalmente, es bastante interesante y enriquecedor.

Este Papa es conocido por su sencillez: se mueve en un Fiat 500, se acerca a las personas, habla con cada uno… ¿ha cambiado mucho la manera de hacer coberturas sobre un Pontífice?
Fíjate, en los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, cuando salía el papamóvil los periodistas nos íbamos a tomar café, porque era el momento tranquilidad. Ahora, en las audiencias generales, empieza el papamóvil y todos vamos a mirar lo que está pasando porque ahí nacen historias impresionantes, imágenes que ayudan a conocer, sin palabras, al personaje y lo que suscita a su alrededor.

Francisco ha sido nombrado “Hombre del año” por Time, por Vanity Fair… ¿Qué tiene?
Tiene una energía que no sabemos de dónde le viene: Tiene ansia por salir a que lo conozcan; prisa para cambiar las cosas y paciencia para esperar a que llegue el momento adecuado. Y luego, conoce el secreto para cambiar los corazones. Él sabe que si cambia solo las normas, cuando lleguen nuevos dirigentes a la Iglesia Católica todo volverá a ser como antes. Quiere enseñar que a lo mejor eres muy católico, vas a Misa, pero eres indiferente ante el sufrimiento de personas que están escapando de sus países por la guerra, o eres indiferente ante las personas que están por la calle que sufren o quien sufre en tu oficina… Francisco quiere mostrar que la religión se vive a 360 grados. Eso antes ya estaba pero ahora lo ves con gestos concretos.

¿Cómo es la relación del Papa Francisco con los medios de comunicación?
Yo le pedí una entrevista cuando era el Cardenal Bergoglio y me contestó bastante seco, casi antipático: “Yo no hablo con los periodistas, si quiere hablamos personalmente pero una entrevista no quiero”. Todos temíamos, cuando fue elegido Papa, que empezara un pontificado de aridez periodística, en el que lo veríamos todo desde lejos. Sin embargo él, tratándonos a cada uno como personas, nos ha cambiado a nosotros. Cuando vamos en el avión papal y le cuentas algo del trabajo casi no le importa pero cuando le cuentas cosas de tu vida personal pone los cinco sentidos, se preocupa, te pregunta y luego se acuerda… y ha cambiado el modo de cubrir el Vaticano. No significa que ahora todos estén a favor del Papa, pero se nota que afronta lo que está ocurriendo con otros ojos.

¿Y qué les dice a los periodistas que le acompañan habitualmente, en los viajes, etc.?
Francisco entiende el periodismo como servicio. A los periodistas nos suele decir en el avión: “a ver si juntos conseguimos mejorar éste mundo, vosotros con vuestras noticias y yo con mi trabajo”. Comparte con nosotros lo que está experimentando pero nunca entra en los contenidos, se fía de las personas. Considera una traición cuando se publican documentos que nos había pasado por adelantado para que los pudiéramos trabajar o cuando escuchamos un discurso pero hablamos de otro tema. Esa es la tentación del periodismo: hablar mucho del Papa pero de cosas secundarias.

Se habla mucho de las resistencias que hay dentro del Vaticano al estilo del Papa Francisco, ¿son tan reales como se da entender desde fuera?
Hay un tipo de periodismo en el que siempre tiene que haber “un bueno” y “un malo” y es curioso cómo se empeñan en enfrentar al Papa contra alguien: “el Papa contra la curia”, “el Papa contra la Iglesia”… Por supuesto que hay resistencias porque el Papa ha emprendido una revolución cultural que afecta a los estilos de vida; uno puede ser enemigo del Papa, dentro de la curia, sin ser consciente, porque no quiere cambiar su modo de hacer o de actuar.
En esa escuela de periodismo, cuando se habla de un personaje grande, se tiene que hablar también de quienes le crean resistencia. A mí eso siempre me intriga. No sé si hay una guerra contra el Papa o no, pero estoy convencido de que hay gente que quiere mostrar el Vaticano como un campo de guerra, con bandos enfrentados.
Por supuesto que hay resistencias y el Papa sabe que lo que él está haciendo no le gusta a todos pero hay que recordar que Francisco fue elegido por los cardenales, por una mayoría extra absoluta, así que fueron ellos los que le pidieron que hiciera estos cambios. Es un gran reformador porque ha iniciado un proceso de cambio que ya es imparable.

Después de su paso por Telecinco, ¿cómo se preparó para asumir el reto profesional de una agencia de noticias sobre la Iglesia?
Para hacer periodismo especializado te tiene que gustar el tema. Puedes aguantarlo unas semanas, unos meses, pero para estar doce años te tiene que gustar, por eso es más una preparación del corazón que de la cabeza.
Luego tienes que estudiarlo para separarte lo que a ti te gusta, para no convertir el periodismo en ideología sino explicar a las personas lo que de verdad está pasando. También necesité muchas horas de estudio y de mirar al personaje para intentar entender qué es lo que quiere conseguir con los gestos que hace.

¿Influye la fe a la hora de cubrir noticias del Papa? Por ejemplo, ¿alguna vez ha tenido la tentación de matizar, de adornar, noticias negativas?
Si, la tentación de adornar noticias negativas la tiene cualquier periodista. No creo que sea un problema de fe sino de profesión, como el que hace periodismo político y solo defiende a su partido. Hay que ser honestos con el público y contar lo que de verdad está pasando.
En el caso del periodismo sobre el Papa y sobre el Vaticano creo que la fe te ayuda a entender lo que el Papa quiere hacer. Francisco es un líder espiritual, si intentas explicarlo solo con categorías políticas te quedas a mitad de camino.
De todas formas, la religión, desde el 11-S, está en todas las páginas de los periódicos, como estamos viendo esta semana. La religión no es de las páginas de religión, está de la primera a la última página y eso la convierte en un ámbito periodístico apasionante.

En este sentido, hablando de la honestidad personal, ¿cuál ha sido el momento más difícil de su carrera?
Cuando he tenido que dar noticias de mucha carga humana: hablar con víctimas de abusos o con personas que habían perdido a familiares después de atentados… Esos momentos son los más difíciles, porque sabes que si te pasas, conviertes el trabajo que estás haciendo en amarillismo; no hago periodismo sino que me estoy aprovechando del protagonista de esta historia.
Siempre me da mucho miedo traspasar la línea del pudor, meterme en historias que forman parte de la intimidad de una persona, sobre todo cuando son dramas humanos o historias de fe, y hacer negocio con ellas o con su sufrimiento.

La película que ha ganado el Oscar de este año, Spotlight, habla de periodismo de investigación sobre la Iglesia en medios generalistas. ¿Hay periodismo de investigación en los medios especializados en religión?
Yo la verdad es que no tengo tiempo para hacer periodismo de investigación porque el Papa Francisco es un huracán informativo que nos tiene ocupados las 24 horas del día. Es cierto que Rome Reports es una agencia de noticias y soñamos con hacer periodismo de investigación pero, en lo inmediato, nuestro ideal es explicar bien lo que está ocurriendo hoy y ahora en el Vaticano.

Pero sí que han hecho algunos documentales…
Sí, ante diversas situaciones –la elección del nuevo Papa o la crisis de abusos sexuales de 2010- quisimos afrontar un poco más a fondo la situación, hacer una especie de slow news y llegar donde no estábamos llegando en el día a día.. Poder dedicar tiempo y recursos para dar más contexto siempre es una satisfacción.
Cuando afrontamos la crisis de abusos sexuales nuestra prioridad era conocer mejor lo que todavía no se sabía: cuál era la situación de las víctimas, porque tardaban tanto en denunciar, qué ocurría cuando no se sentían escuchados por la Iglesia… También descubrimos que en el Vaticano se estaba ayudando mucho más de lo que parecía, que había una campaña en marcha para atender a las víctimas pero que, efectivamente, todavía no se estaba haciendo todo lo posible. Es una batalla cultural de los Papas, que comenzó Juan Pablo II, siguió Benedicto XVI y ahora esperemos que lleve a término el Papa Francisco, pero todavía está en marcha.

 

Carmen García Herrería | @carmengherreria