James Nachtwey es James Nachtwey. Y Gervasio Sánchez es Gervasio Sánchez. Hasta ahí, dos personas distintas. Pero periodísticamente hablando, me da mucho juego decir que James Nachtwey significa Gervasio Sánchez en inglés, y que Gervasio Sánchez significa James Nachtwey en castellano.

Me explico: dicho lo que ya se ha dicho sobre la grandeza humana y profesional del fotoperiodista neoyorkino, toca poner ahora la lupa sobre España para aprender a valorar mejor los profetas de nuestra tierra.

Gervasio Sánchez es periodista: letras, voz, y fotografía. Lo que en realidad debería ser un multimedia si no nos dejáramos comprar por el oportunismo de las necesidades estructurales de un periodismo sin recursos para pagar bien a sus trabajadores…

En la bendita hemeroteca de la prensa española quedan los trabajos de un Sánchez muy internacional. Desde El País, el Magazine de La Vanguardia, la Cadena SER y el Heraldo de Aragón, Gervasio ha ido poniendo rostro a la sórdida tristeza del hombre convertido en lobo del hombre.

 

Un espacio para gritar

El objetivo de este cordobés universal y maño con fuerza ha sido el más fiel testigo de las guerras de América Latina, el Golfo, Bosnia, y cada rincón humeante de la antigua Yugoslavia. Su vida profesional es una denuncia gráfica, oral y escrita en la que destacan fotografías donde -según sus propias palabras- “seres extraviados en los desaguaderos de la historia” encuentran a mano “un espacio donde llorar y gritar”.

Las fotografías de Gervasio Sánchez son postales ardiendo que llegan con el sello de “urgente” a los rincones más acomodados de los hombres y mujeres que leen la prensa mientras se toman un café y observan el mundo en llamas como si fuera una película sorda.

Detrás de cada una de sus instantáneas hay personas con nombres y apellidos: Sofía Elface, Adis Smajic, Mónica Paola Ojeda, Sokheurm Man… Los buenos periodistas no disparan a bulto. Entienden. Esuchan. Padecen. Cuentan. Y después sufren por dentro cuando la pena máxima es el olvido de las mayorías, o de las minorías con poder.

Gervasio Sánchez es nuestro fotoperiodista de guerra. Nuestro medallista, nuestro corredor de fondo, nuestro saltador de obstáculos, nuestro tiro con arco, nuestro pebetero encendido de los derechos humanos. Enviado Especial de la UNESCO por la Paz. Bandera blanca sobre fondo negro.

Premios, muchos, y variados. Number one.

 

La denuncia en 3D

Pero desde que en mayo de 2008 El País le otorgó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo Gráfico, todo va a cámara lenta… Allí, en su alfombra roja, Gervasio convirtió sus fotos en discurso, y entonces no quedaba lugar para la hipocresía. Aquél día de primavera, sus palabras congelaron las sonrisas occidentales cómplices de las guerras. Y denunció en público a todos los presidentes de la democracia que “permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países en conflictos internos o guerras abiertas”.

Todavía se oyen los ecos de esa granada contra la doble moral.

El Luther King del periodismo gráfico español tiene un sueño: evitar la exportación de la muerte. Mientras unos lo hacen con pancartas diseñadas, con discursos de salón, o con entrevistas telefónicas -más vale eso que nada, evidente- él ha preferido hacerlo siempre a pie de trinchera, en el bando de los que podrían ser olvidados para siempre, porque no cuentan…

Si en el siglo existen las almas gemelas, Gervasio era el disparador más conocido para presentar a James Nachtwey en el ruedo de Madrid [27 de marzo. Universidad de Navarra en Madrid. Zurbano, 73]. Ellos, que se conocen por dentro, se sacarán el máximo partido a los de fuera.

 

Álvaro Sánchez León