De Vallecas -“mi padre es pintor de brocha gorda”, suele presumir- a Pamplona, donde se licenció en Ciencias de la Información y en Historia. Su línea de investigación se ha centrado en la historia del periodismo y de la publicidad en la España del s. XX.

Como historiadora y periodista siempre ha tenido cierta inclinación al estudio de los medios en la época del franquismo, momento difícil para el desarrollo de la profesión. Defiende la libertad del periodista como instrumento para realizar una verdadera tarea profesional. “El periodista, tanto el de hoy como el de ayer o el de mañana, debe tener formada una opinión y debe ayudar a los demás a formarse su propia opinión”. Esto requiere también la independencia de las personas que trabajan en un medio: “Un medio de comunicación en el cuál la gente hace sólo lo que le dicen y chitón está llamado a la muerte”.

Pero, además de la libertad, es necesario también el conocimiento de la verdad, aunque sea complejo. No duda en marcar un listón de trabajo alto para la buena formación profesional: “Es difícil: hay que pensar, hay que llegar a formarse bien, hay que leer, hay que razonar, hay que, hay que… Hay que hacer muchas cosas, pero hay que hacerlas”.

Tras su pasado franquista -en cuanto a la investigación se refiere-, ha ido ampliando el marco histórico de sus estudios. Recientemente, ha publicado una obra sobre la incorporación de la mujer a la universidad a principios del siglo pasado y otro libro, en dos volúmenes, que recoge por primera vez la evolución conjunta de la historia de la publicidad y las relaciones públicas.