Cuando Enric Hernández (Terrassa, 1969) fue nombrado director de El Periódico en 2010 llevaba 20 años y tres cabeceras a sus espaldas. Inició su carrera profesional en el diario Avui en 1990, donde pronto se especializó en información política y fue nombrado corresponsal y delegado en Madrid. En 1998 se incorporó a la redacción de El Periódico como redactor jefe de Política y después fue delegado del diario en Madrid. Fue nombrado director adjunto de El País en 2009 y un año después se reincorporó en El Periódico de Catalunya como director.

¿Qué marca pesa más, la del periódico o la del periodista?

No es casualidad que el top cinco de los medios nacionales en internet sean cabeceras impresas, porque el lector, aunque no consuma papel, busca la fiabilidad de la marca. Si hablamos de la marca personal y corporativa, yo creo que es una simbiosis. Un diario debe ser capaz de generar talento periodístico y comunidades en su entorno; que cada periodista sea prescriptor en el ámbito de su especialidad. Esa comunidad que genera debe alimentar al periódico y vicerversa. Son microcomunidades que componen el puzzle que estructura la realidad. Cuantas más microcomunidades tenga un periódico, cuanto más talento periodístico posea, capaz de generar esas comunidades, más audiencia tendrá y mayor será su influencia.

¿Los lectores del papel y de la web son los mismos?

Cada vez hay más diferencia entre lectores del papel y de la edición digital. La irrupción de los móviles ha generado una demanda de actualidad inmediata, de frescura, de rapidez, que las ediciones digitales han sabido satisfacer, mientras que el papel requiere un mayor reposo. Nosotros creemos que los lectores del papel y de los soportes digitales se merecen el mismo respeto intelectual. Por lo tanto hay que darles contenidos que tengan una credibilidad y un rigor idénticos, homologables, en los dos soportes.

Entonces, ¿opinión para el papel e información para la web?

El lector de la web debe disponer de información de última hora y también de un acompañamiento de opinión y análisis. Es posible que, con la conversión del periódico de papel en un producto de lujo, más exquisito, cada vez tenderemos más a hacer diarios que podríamos llamar “pos-noticiosos”, con más análisis, contexto, etc. que den claves para interpretar la realidad. La web se acabará convirtiendo en una ventana con la información de última hora. Pero, de momento, estamos en un proceso de transición, en el que intentamos que el lector de la web sepa que lo pueda encontrar todo.

Además de por el número de clics, ¿cómo se sabe lo que interesa más a la gente?

El Periódico se ha caracterizado siempre por intentar abordar con profundidad temas sociales que interesan a la gente, que no aparecían y que siguen sin aparecer en el resto de los medios de comunicación. Es verdad que internet te da unas herramientas. Pero, por encima del dato y la estadística, está el criterio profesional. El interés que suscita un tema no lo convierte en noticia. Hay que contrastarlo con los principios del periodismo: cuanta es la gente afectada, que haya una historia detrás, si tenemos datos para contar la historia… Siempre hemos intentado combinar entretenimiento e información, pero sin mezclarlos.

Las elecciones de Estados Unidos, el Brexit… ¿los periódicos se alejan de lo que piensa la gente?

Al final lo que tenemos que analizar es cuál es el papel de los medios. Es decir: este señor ha dicho tal cosa y es mentira. Si los medios renuncian a la tarea de investigación para llevar al lector datos fehacientes, la mentira o la falsedad se convierten en una moneda asumible. No es que los medios se degraden, ¡es que se degradan las democracias! Un lector no tiene por qué saber todo eso, ni tiene tiempo de investigarlo. Las redes sociales no están pensadas para ejercer de medio de comunicación de contraste, sino para transmitir datos en modo de opiniones o informaciones. Pero alguien tiene que fiscalizar a las empresas, a los poderes públicos y privados y a los candidatos, cuando dicen una cosa y no es verdad. Si no, la democracia desaparece. Cuando no, no hay un voto informado, hay un voto prejuicioso.

En este contexto, ¿qué papel debe jugar el lector?

La conversación pública que permiten las redes sociales tiene muchísimas ventajas. Es un termómetro fantástico de qué piensa la sociedad en su conjunto. Yo creo que existe una cierta inteligencia colectiva, que la suma de percepciones acaba ofreciéndote un dibujo de cómo piensa la sociedad. El problema viene cuando las redes sociales, particularmente Facebook y también Twitter, se atribuyen la condición de medios de comunicación. No es que lo hayan buscado, pero parece que se han convertido en los grandes prescriptores. Mucha gente, en lugar de acudir a las cabeceras de referencia, consume los contenidos en las redes sociales. Sin embargo, desde las redes sociales, pagando, se han conseguido convertir mentiras en verdades, por eso ahora tienen un problema de credibilidad y están perdiendo el valor prescriptor que se ha atribuido hasta ahora.

Planteémonos por un momento qué pasaría si no hubiera ninguna posibilidad de consultar a alguien de quien te pudieras fiar. Antes, cuando sólo había medios tradicionales se podía contrastar leyendo dos o tres medios distintos, y la síntesis se podía aproximar a la realidad. Cuando las informaciones que aparecen en las redes sociales no tengan el respaldo de profesionales del periodismo habituados a contrastar, uno no sabrá si está leyendo una mentira, verdad, opinión, hecho contrastado, desmentido… En este momento, nos podemos encontrar gente vota sin saber lo que vota, porque han leído cosas que no son ciertas y no han llegado a enterarse de que eran falsas.

¿Está pensando en Reino Unido?
Por ejemplo. Yo creo que, en este caso, los medios no hicieron bien su trabajo. La misma noche de la victoria del Brexit los promotores reconocieron que habían contado mentiras durante la campaña para promocionar su opción. Los medios no fueron capaces de denunciar esas falsedades y mucha gente está ahora decepcionada porque votó con la mejor voluntad una opción, basándose en unos hechos que eran falsos.

¿Por qué han perdido credibilidad los medios tradicionales?

Creo que todavía no la han perdido tanto como se proclama. Es verdad que el llamado “empoderamiento de la ciudadanía desde las redes sociales” nos pone en posición de mayor igualdad, y que los medios tradicionales pecaron de una cierta arrogancia. Eso por supuesto es un error. Pero también hay que tener en cuenta que lo que hacían los medios antes de internet era observar la realidad, jerarquizarla y, como dice el New York Times (All the news that find to print), imprimir todas las noticias que caben en este diario.

¿Cómo se puede integrar en el trabajo de las redacciones el protagonismo que han ido adquiriendo los lectores?
Internet te permite ofrecer noticias más allá de las que han elegido los periodistas del medio. Tenemos que ser más permeables a lo que piensan nuestros lectores. En El Periódico llevamos 4 ó 5 años con un proyecto consolidado de diálogo público con los lectores. Estamos intentando que nos ayuden a generar contenidos de su interés, pero no por la vía de lo que se llama periodismo ciudadano; sino que a partir de los datos que nos aportan, nosotros los contrastamos y elaboramos. Para nosotros es una vía de evolución que cumple con unos estándares.

Siempre se dice que sobrevivirán los periódicos que apuesten por la calidad. Pero, ¿eso cómo se concreta en el trabajo diario?

Sin periodistas no hay periodismo: ni de investigación, ni reportajes, ni crónicas internacionales… Un profesional es capaz de llegar donde el lector no llega, cogerlo de la mano, acompañarle, explicarle una historia y elevarla de categoría; descubrir si existe un problema social, una disfunción, una inequidad… eso no lo proporciona la tecnología, los robots, bots o autómatas que trabajan en internet y que permiten generar contenidos muy rápidos, muy inmediatos y que llegan a mucha gente. Pero no procesan, no tienen capacidad intelectual. Parece una estupidez decir esto, pero muchos editores de prensa creen, con razón, que es mucho más barato un robot que un periodista. Claro que sí. Pero el contenido, la capacidad de tocar el alma del lector, la tiene el periodista, que es un ser humano.

Las plantillas se han ido reduciendo drásticamente en los últimos años. ¿Ha pasado ya el bache?
La pregunta es general y cada cual se sabe su historia. Yo no vivo de la nostalgia de que cualquier tiempo pasado fue mejor. No creo que se hiciera mejor periodismo hace 20 años que ahora, o en la transición que ahora. Todos hemos aprendido cómo llegar al lector mejor y sabemos que la clave de este negocio está en contar historias que no cuentan otros o contarlas mejor que otros. La sensación de que el periodismo que se hace ahora es de peor calidad es porque ha habido gente que ha sido despedida… Es distinto hacer un diario pensando en el lector del quiosco que mañana comprará el diario, que pensar en el lector que ahora está consumiendo información digital. Esto requiere un cambio de carácter intelectual, cultural, al que no todo el mundo se adapta.

 

Miquel Codolar | @mcodolar