La revolución digital la vive cada medio pero, en agencias como EFE, se ve todo con la perspectiva de la variedad de los clientes. El ojo llega a más, y con más objetividad. La agencia internacional española con 78 años de historia no es locomotora del cambio, pero sí es hoy el fruto de lo que los nuevos modelos de medios van demandando. Al final, es un mosaico de realidades puntuales que componen el collage de un panorama mediático en ebullición.
Emilio Crespo es el responsable de Coordinación y Contenidos Digitales de EFE. Desde la atalaya hiperactiva de una agencia cuyo negocio consiste en ser la respuesta que requieren los medios de comunicación, abordamos con él este escenario de transformación. Si hay iconos vivos de lo que es prensa tradicional, estamos en el punto de partida más oportuno para entender lo que pasa.

 

En el universo de whatsapp y del contenido, también informativo, de las redes sociales, ¿qué tiene que ser una agencia de noticias?
El papel de una agencia de noticias, en ese universo de la instantaneidad y universalidad informativa que ha definido la irrupción de las redes sociales con la fuerza de los últimos años, es el de una alternativa informativa de fiabilidad y calidad, hecha por periodistas. Esa alternativa está funcionando por la propia experiencia que tenemos en EFE. Somos un proveedor de contenidos, y nuestro trabajo es dar información a medios, que después la publican y la difunden, pero también tenemos una presencia fuerte en internet.

 

¿Cómo funciona una agencia en el mundo de las redes?
En el ranking de internet auditado por OJD nuestra web está en el puesto treintaytantos. En Twitter, con más de 2 millones de seguidores, somos un medio más relevante. Y hacemos una política en Twitter que se supone que no se lleva nada bien con lo que hay que hacer para tener seguidores: ser una agencia de noticia. Difundimos titulares, no queremos competir con nuestros clientes, pero damos una alternativa a quien siguen esa red social para que tengan una selección de titulares de noticias.

 

¿Y marcha?
Nosotros no utilizamos hashtag, no conversamos con nadie, ni hacemos retuits, porque tenemos una línea editorial estricta como agencia. Somos casi un anti Twitter, pero los usuarios quieren tener entre sus fuentes una agencia de noticias, y entiendo que es porque aportamos algo diferente al resto de las conversaciones y de la información que se da en Twitter. La fiabilidad, el periodismo en el más tradicional sentido de la palabra, nos da un público, y demuestra que, también en los nuevos formatos, las audiencias buscan confianza.

 

¿Cómo ha cambiado la provisión de contenidos de una agencia tradicional con la transformación digital?
Ha cambiado bastante, y no porque nosotros lo hayamos buscado… Son los medios los que han ido demandando que ampliemos la cadena de valor que hasta ahora ofrecíamos y llenemos otros espacios que a ellos les cuesta más, en términos económicos. Las agencias siempre hemos tenido corresponsales distribuidos por el mundo para dar la información a muchos medios. Es más eficiente que un solo medio tenga toda esa flota desplegada.

 

¿La demanda de los medios ahora es distinta?
Algunos medios nos piden ahora que le demos el texto ya seleccionado, relacionado con las fotografías y los vídeos pertinentes. Es lo que llamamos un paquete informativo. Quieren que se lo actualicemos en tiempo real. Esto ya no es el teletipo clásico. Se lo damos listo para publicar, e incluso a veces, se lo publicamos. Muchos medios nos dan espacio en su versión digital para que, si hay algo muy relevante de última hora, nos encargamos de ir actualizando los contenidos. Y también con noticias sobre otras cuestiones, porque quizás ellos están en otra cosa, o la redacción está bajo mínimos.
Algunos clientes importantes nos piden que le hagamos toda la página web. Le garantizamos el servicio técnico, las métricas, y los contenidos. Ellos sólo tienen que poner su marca. Tienen también un gestor de contenidos, y pueden añadir lo que quieran, pero gran parte de lo que se publica lo tienen garantizado y automatizado con la información de la agencia. La economía de escala y la capacidad de una agencia de noticias con presencia universal hacen que este trabajo sea más competitivo.

 

Cuándo las fuentes ya no necesitan a los medios como intermediarios para llegar a la opinión pública, ¿dónde está la oportunidad?
Las fuentes necesitan a los medios ahora más que nunca, porque hay más competencia. Que todas tengan acceso a la audiencia final no es una garantía de nada. Cuanto más ruido escuchamos, más necesarios son los electores, los interpretadores, los mediadores en comunicación, que somos los periodistas. Somos más necesarios que nunca, pero tenemos que adaptarnos a esta nueva realidad. Ya no somos el brujo de la tribu, ni el dueño de esa verdad esotérica, que era el acceso a la fuente. Ahora debemos ser capaces de seleccionar y procesar bien esos mensajes de las fuentes. En muchas redacciones, por falta de medios, o por pereza, el periodista acaba siendo una mera correa de transmisión de los comunicados, o de lo que llega de las fuentes. Así no estamos cumpliendo nuestro papel, y estamos dejando vacío un terreno en el que, evidentemente, la labor del periodista es menos necesaria.

 

En la facultad, no hace mucho tiempo, nos explicaban la teoría de la agenda setting, y nos contaban que los medios de comunicación marcaban la pauta y su influencia cifraba la agenda del país. ¿Eso, ha muerto?
Eso sigue siendo una realidad, aunque hemos perdido relevancia. El periodismo de declaraciones ha ganado terreno sobre el periodismo de hechos. Cualquier información que esté basada en un hecho siempre va a interesar más. Es la experiencia que tenemos también como consumidores de información. Eso de corretear detrás de las fuentes y pedir reacciones, que es donde se produce el grueso de la manipulación de la agenda setting quizás sea mal periodismo.

 

¿La instantaneidad resta fuerza a la creatividad periodística?
Le estamos dando mucha importancia al bla, bla, bla y al ruido, y nos estamos concentrando poco en los hechos. Probablemente, ese exceso de declaraciones en el periodismo y esa mala utilización de la agenda setting acabarán impulsando a nuestra profesión hacia parcelas más productivas, como ya ha pasado en otras etapas. De todas formas, pienso que ha comenzado ya el declive del periodismo de declaraciones, porque es improductivo para nosotros, y para la audiencia.

 

Hasta hace poco, la agenda y las fuentes de un periodista marcaban su prestigio. Ahora, ¿cuáles son las herramientas claves para valorar a un buen profesional del gremio?
Esto no ha cambiado tanto como pensamos. La virtud principal de un periodista es el rigor. Nuestra profesión es como la del matemático: tiene unas normas. Cuando vemos que en una tertulia hay colegas que defienden una posición en la que se difunden rumores, cualquier alumno de 1º de Periodismo puede identificar por qué eso es mal periodismo: no se ha citado ninguna fuente, no se ha comprobado, no se le da la palabra a la segunda parte afectada… Si cumplimos nuestras normas y dejemos que el rigor guíe nuestra profesión, el mismo rigor de un carpintero o un mecánico, generaremos contenidos veraces y objetivos, que es lo que pretendemos. Eso son los valores que debemos defender, y son los que nos distinguen del llamado periodismo ciudadano, de las redes sociales, del periodismo de marca, y de tantos periodismos con adjetivos que no son el verdadero periodismo, el profesional.

 

¿Ha cambiado el perfil del periodista de agencias?
Las agencias hemos evolucionado poco. Como proveedor de contenidos debemos ser capaces de que nuestra información sirva para un medio de cualquier línea editorial. Ese rigor, esa profesionalidad y ese distanciamiento de los hechos para procurar ser lo más objetivos posible, lo aplicamos con mucho énfasis. Lo que sí ha evolucionado es que el lenguaje de agencia se ha hecho más adecuado al momento en el que estamos: más multimedia, con una narrativa más cercana… Nos hemos vuelto más informales al ritmo de la sociedad. Pero los ejes clásicos del periodismo de agencia siguen estando ahí. Es más: en estos momentos de tanta confusión mediática y tanta crisis digital, el valor de la noticia como ladrillo esencial de la construcción del discurso informativo tiene más peso que antes.

 

Las agencias nunca han tenido problemas de protagonismo excesivo de algunos periodistas. ¿Se sufre menos en una agencia la posible batalla entre el periodista que va por libre y su relación con la cabecera a la que pertenece?
Para nosotros eso no nunca ha sido un problema. El periodista de agencia tiene el ego controlado. Eso lo aprendes en el primer mes de trabajo. La alegría profesional del periodista de agencias es ver publicada tu noticia en los medios, a veces, incluso, sin el crédito de tu empresa… El periodista de agencia debe saber que su labor está detrás del nombre de un acrónimo que define tu empresa. Y me parece que eso es bueno, porque ya hemos visto el camino por el que desfilan algunos periodistas con ego, que no digo yo que sean malos, ni buenos… Que nos debamos a la información, y no al nombre es bueno para la audiencia.

 

¿Por dónde se piensa el futuro de EFE?
Nuestra condición de proveedor de contenidos, que es donde está el foco de nuestro negocio, nos hace estar muy atentos a la evolución de los medios. Lamentablemente, hoy por hoy es un poco confuso. La revolución digital está haciendo muchos estragos todavía en los medios, aunque hay algunos que se han subido a la ola y la están aprovechando magníficamente. Se han creado nuevos medios en España que sacan mucha ventaja de este nuevo escenario digital. Pero hay grandes medios de información que han perdido peso y no saben cómo adaptarse. Nosotros vamos detrás de esos problemas, porque seguimos debiéndonos mayoritariamente a los medios. Sabemos que demandan productos más complejos, más terminados, transversales y multimedia. En las redacciones de las agencias cada vez vamos ayudando más a nuestros clientes a seleccionar entre la multitud de teletipos, fotografías y vídeos para ofrecer un contenido curado.

 

¿Los agregadores hacen daño al futuro empresarial de las agencias?
La curación del contenido es algo por lo que todo el mundo apuesta, y está siendo el caballo de batalla de los agregadores, que nos están ganando la mano a muchos medios solamente seleccionando y poniendo a disposición del lector aquello que le gusta. En la agencia hacemos curación de nuestra propia producción para ayudar al medio a encontrar lo que su audiencia demanda.

 

La transformación digital va paralela a otro debate. Hemos pasado una crisis. Mucha gente no cree en la objetividad de los medios públicos, e intuyen lo que nos cuestan. ¿El precio de una agencia como EFE tiene relación con la calidad y el valor de su trabajo?
EFE aporta un valor que nadie más podría aportar. Nadie cuenta España mejor que esta agencia, y no porque seamos los que mejor contamos las cosas, sino porque en cada pueblo de cierta importancia, de norte a sur, si se genera una información, EFE la tiene. Eso es muy caro. España no podría entenderse si no hubiera una organización que cubriera así todo el país. Ese esfuerzo está reservado a algunos medios, que son proveedores de contenidos, porque si le pusieran un sello editorial, una marca, o un nombre, pasaría a ser una información al servicio de una cabecera y, probablemente, ya no se compartiría con otras, y esto no sería un negocio. La agencia necesita ese ecosistema.

 

¿Son condicionantes las agencias para el futuro de los medios?
Los medios no pueden llegar tan lejos. Detrás de cualquier medio, también de una agencia, puede haber información interesada, sesgada, al servicio de una ideología, de un gobierno, de un partido… Creo que en ninguna de las grandes agencias estatales o de proyección estatal en Europa se dan estas circunstancias. Los niveles de democracia y pluralismo que hay en Europa nos permiten trabajar con holgura.
Además, el formato de agencia no se presta a la manipulación, como se prestan otros formatos periodísticos. Aquí se lanzan miles de contenidos al día, luego cada medio puede escoger lo que quiera, pero nosotros los damos todos. Lamentablemente, también nosotros hacemos mucho periodismo de declaraciones, pero en el mosaico informativo enorme de la agencia está todo. Es más complicado elegir a quién pones y a quién no pones en los treinta minutos de un telediario… Y ahí hay televisiones privadas o públicas que no tienen más remedio que hacer esa selección. En la agencia está todo. Sin ellas, perderíamos una riqueza informativa muy importante.

 

La revolución digital y la excusa de la instantaneidad ha pisoteado un principio básico de honestidad profesional en el periodismo: citar. ¿El canibalismo periodístico existe? ¿Ha lastrado el futuro de las agencias de noticias?
Las agencias sufrimos mucho ese canibalismo. Muchas veces el nombre de nuestra agencia se hurta, se disimula, o se pone por ahí abajo. Ves tu teletipo al 90%, pero han metido algo de cosecha propia y ya desaparece su autoría… Con eso coexistimos. Intentamos dar un buen servicio a nuestros clientes, y entendemos que a veces no quieran llenar una página entera con noticias de agencias…
Se sufre un poco esa tendencia a llamar la atención y ganar relevancia disminuyendo el peso del trabajo ajeno. En estos momentos del periodismo, eso influye mucho. Con toda esta eclosión de protagonismo y esa pugna por destacar y asomar la cabeza entre el mar de informaciones y de medios, a veces nos olvidamos del pago al compañero o al medio que es, realmente, el origen de una noticia. Estamos perdiendo algo de la ética profesional de toda la vida. ¡No pasa nada por citar a otro medio, aunque sea tu competencia, o tu proveedor de contenidos! En las agencias citamos a todos. Es nuestro tributo a la fuente.

 

El llamado periodismo ciudadano pasó su momento de gloria, pero pierde prestigio porque se ve que es un cajón de sastre muy amplio donde cabe casi todo. Y el periodismo profesional tampoco tiene un prestigio social. ¿Las agencias son la parte más seria y menos amarilla de esta profesión?
Me encantaría decir que sí, pero mi opinión es interesada… Pero sí, hay factores que nos diferencian en ese sentido de otros medios: tenemos el ego controlado, ya que hacemos noticias para venderlas y que otros las publiquen; nuestro formato es la noticia, que tiene una narrativa y una estructura muy cerrada que no se presta tanto a las manipulaciones; y, además, tenemos una audiencia muy exigente al otro lado, periodistas. También es verdad que hacemos un periodismo superficial, porque nosotros no profundizamos. Y no es que no seamos capaces de hacerlo, es que los clientes no nos lo piden. Los medios prefieren hacer las investigaciones y los reportajes con su propia redacción.
Con el exceso de contenidos que vivimos y la abrumadora masa de información que se recibe constantemente, nuestro trabajo tiene su valor. Un titular, una noticia de dos párrafos, que es la forma en la que contamos las cosas en las agencias, para nuestras audiencias es suficiente. Al final, el buen periodismo se está refugiando en una serie de valores que son los que hemos cultivado tradicionalmente en las agencias. Las opiniones, las interpretaciones, y las explicaciones las lleva a cabo tanta gente, tantos blogueros, tantos espontáneos, que, al final, lo que queremos son hechos: dime lo que ha pasado, que yo ya lo interpretaré, que tengo mis propias ideas. Eso nos lleva a hacer un periodismo muy rudimentario, con el que todo se construye, pero que es un refugio de las esencias de nuestra profesión. Es lo que más nos distingue del periodismo ciudadano: cuando el testigo del hecho es un profesional, sabe que tiene unas normas para contarlo, y en qué orden, y qué fuentes debe consultar…

 

Y entonces, ¿el periodismo ciudadano qué es?
El periodismo ciudadano es de una gran ayuda para los periodistas. Las redes sociales dan pistas sobre muchísimas informaciones. Pero la información profesional no se queda en eso: tiene que ir más allá, y ese es el valor que aporta. Hoy tenemos testigos de todo al alcance de la mano, y debemos verlos como una ayuda al periodismo de calidad. La audiencia lo está empezando a entender así.

 

Álvaro Sánchez León | @asanleo