La sala de la fundación Rafael del Pino era ayer tarde una singular y gigantesca reunión de redacción compuesta por casi seiscientos periodistas deseosos de escuchar a Martin Baron, director del Washington Post, considerado por muchos el mejor director de periódicos de todos los tiempos y por todos como una leyenda del periodismo, un romántico que aún cree en la verdad.

Poco importa que estemos al otro lado del Atlántico. Los miedos, ansiedades y dolores de esta profesión maltrecha son los mismos en Estados Unidos y aquí. Las mismas mordazas, idénticas presiones, parecidas miserias. MacLuhan se revuelve en su tumba. Pero también una misión ineludible, la de conocer los hechos y darlos a conocer a la sociedad, y la esperanza de salir a flote, de resurgir de las propias cenizas, de hacer de la crisis, oportunidad.

Minutos antes de empezar, la sala de redacción está a rebosar. La mitad de los asistentes ocupa el auditorio, otros escuchan a Marty desde una sala contigua con circuito cerrado de televisión, muchos por streaming desde sus casas y sus redacciones. Las previsiones se han superado con creces. Hay rostros muy conocidos del mundo de la comunicación en España. Antonio Caño, director de El País; Montserrat Domínguez, directora del Huffington Post; Moeh Atitar de la Fuente, de El Español, Borja Bergareche de Vocento; Ildefonso Olmedo, redactor jefe de Crónica El Mundo; Carlos Godó, presidente del Grupo Godó; Antonio García Ferreras, de La Sexta, y un largo etcétera. Hoy es un día de fiesta. #CelebratingJournalism, como reza el lema de Conversaciones.

Baron llegó a España a las 8 de la mañana, sin apenas dormir y desde primera hora mantuvo varios encuentros con periodistas, organizados por el equipo de Conversaciones. Agradece “que le hayamos permitido huir del ambiente venenoso de su país”. Habla un dulce castellano que aprendió, entre otros sitios, en Sevilla y que practica con ribetes latinos. Le acompañan también en la mesa la decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, Mónica Herrero, que define el encuentro como “un lugar de esperanza donde podamos decir creo en el periodismo”, y la periodista de investigación de la cadena SER Pilar Velasco, conductora del encuentro.

La inesperada llegada al poder de Donald Trump da la percha informativa perfecta para esta reunión que se prolonga con un buen número de preguntas, como corresponde al auditorio. Trump es el último eslabón de la cadena de populismos que azota el planeta y que se ha mostrado especialmente despiadado con la prensa a la que ha llamado “repugnante”, “escoria”, la más baja forma de humanidad e incluso de vida”.  Los medios de EE.UU. llevan muy a gala su condición de contrapoder pero no supieron verlas venir. Baron hace autocrítica: “No hemos escuchado bien al país para saber que un candidato como él podía gustar. En los últimos años –se lamenta- hemos visto represiones a la libertad de expresión y la prensa en todo el mundo. Por eso en los Estados Unidos tenemos que vigilar para no perder los derechos que hemos tenido la suerte de heredar y por los que nuestro país ha luchado.”

Trump supone un reto para los periodistas de EE.UU. pero no es el único. Para asegurar la supervivencia de los medios y la libre expresión es preciso hacer frente a todos los desafíos. El primero de ellos, el cambio en la industria. “En los últimos 12-15 años –señala Martin- hemos presenciado prácticamente todos los avances tecnológicos importantes que han invadido, si no devastado, los medios tradicionales. Cuando llegó Internet, nuestra industria reaccionó como si nada fundamental hubiera cambiado. Internet, casi de la noche a la mañana, ha dado a luz a un nuevo medio que exige una nueva forma de periodismo – así como la radio y la TV en su momento-. Esta es una sociedad digital, una sociedad móvil y es mejor que nos adaptemos. No sólo adaptarse, sino abrazar el cambio”.

Baron aventura cuatro predicciones de futuro a las que es preciso hacer frente desde los medios de comunicación:

“En primer lugar, la tecnología móvil dominará. Eso es lo natural con la proliferación de teléfonos inteligentes. Hay empresas de capital de riesgo que no financiarán un producto digital a menos que sea móvil. Los medios de comunicación tendrán que centrarse exclusivamente en la experiencia móvil.

En segundo lugar, los medios deberán encontrar su forma de orientar en los procesos de información en las redes sociales. “En estas redes las personas hablan entre sí. Así que los medios de comunicación deben tener un conocimiento profundo de ellas. Si quieres saber lo que preocupa a la gente, tendrás que escuchar mejor y escuchar con más frecuencia. Y si quieres escuchar, ve a donde la gente habla”.

Tercero, es imposible predecir cuáles serán las marcas de noticias dominantes en el futuro. El capital de riesgo ha servido para financiar a otros competidores. Los recién llegados puedan hundir el establishment de los medios: BuzzFeed fue fundado en 2006, Huffington Post, en 2005. Ahora son actores importantes en el universo de los medios de comunicación, en EE.UU. y a nivel internacional.

Y cuarto: La tecnología avanzada será clave para nuestro éxito. “Tenemos que ser líderes. Si somos unos rezagados tecnológicos, perderemos. Los medios de comunicación tendrán que contar con personal de alta tecnología. Tendremos que crear nuevos productos atractivos para lectores y anunciantes, y hacerlo con agilidad”.

Pero la tecnología no lo es todo, Baron es periodista de raza. “Todas las herramientas tecnológicas del mundo no pueden sustituir al periodismo fuerte, el periodismo que informa a nuestra comunidad y a nuestros países, que constituye la base de la sociedad civil y la gobernabilidad democrática. Para rehacernos, es importante recordar lo mismo de siempre: Sin buenas ideas para las historias -sin informarnos sobre esas historias bien, sin escribirlas bien- no tendremos éxito”.

“Internet puede ser una fuente para el bien, permitiendo la libertad de expresión. Pero también permite que esa expresión se desvíe hacia un oscuro mundo de falsedades y conspiraciones. Y que esas falsedades y teorías de conspiración se difundan instantáneamente a millones de individuos, donde muchos están inclinados a creerlos”. Ese, a su juicio, es el gran desafío, mucho mayor que el tecnológico y el financiero.

“Como periodistas debemos permanecer fieles a nuestro propósito central. Alguien debe decir las cosas como realmente son. Y no podemos ser tímidos al respecto, no deben frenarnos el miedo ni la autocensura. Cuando hemos hecho toda nuestra investigación – cuando hemos hecho nuestro trabajo a fondo, honesta y honorablemente – tenemos el deber de decirle al público lo que hemos aprendido. Y contarlo con franqueza. Ningún gobierno debería tener el derecho de detenernos”.

The Washington Post está en esta línea. Y lo mejor es que da muestras de que las buenas prácticas pueden ser rentables. Con Martin Baron a la cabeza y su nuevo propietario Jeff Bezos, fundador de Amazon, el periódico ha implementado una redacción mixta donde trabajan codo con codo periodistas e ingenieros; han puesto en marcha un equipo nocturno que peina Internet en busca de noticias y las adapta de manera que a primera hora ya hay información fresca; y otro equipo diurno que comienza a trabajar muy temprano, y que además de cubrir la información de última hora busca historias que empiezan a generar conversación en redes sociales; cuentan también con personal especializado en fact checking y una red de talento formada por periodistas freelance; han cambiado los horarios de publicación para adaptarse a los picos de lectores de Internet, y esto afecta tanto a la información como a la opinión, han agregado recursos para blogs, mejorado sus boletines de correo electrónico, las alertas de noticia.

El resultado: el tráfico en línea se ha disparado a 100 millones de visitantes únicos por mes en los Estados Unidos y las suscripciones también han aumentado. 2016 fue un año rentable, el primero en mucho tiempo. Esto permite al Washington Post contar con inversiones adicionales en la redacción. En momento de recortes en tantas organizaciones de medios de comunicación, este año van a incorporar cerca de cinco docenas de periodistas. Un panorama muy alentador. Ahora que se habla tanto de actitud, el futuro de los medios y de las democracias solo será posible si los periodistas no dejamos que nos arrebaten nuestra “alma”, como la llama Marty, lo que da significado a nuestro trabajo. Y para eso es imprescindible que pongamos algo de nuestra parte.  “Para aquellos que trabajamos en la prensa -y para todos los que aprecian la libre expresión que da sentido y vida a nuestras democracias-, la virtud que ahora más necesitamos es coraje”.

Cristina Abad | @CrisAbadC

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