La presidenta del Club Internacional de Prensa es una cara muy conocida de Televisión Española. Carmen Enríquez empezó en los informativos en 1970 y después trabajó en la sección de internacional, en política nacional y en Informe Semanal. Por lo que más se conoce a la periodista almeriense es por ser corresponsal de la Casa Real, ya en 1990 se hizo cargo de coordinar esta información para RTVE. Ha escrito varios libros sobre la monarquía.

¿Por qué se decantó por el periodismo?

Me hice periodista porque me gustaba escribir. Estaba en la Facultad de Filosofía y Letras pero no veía mi futuro dedicada a la enseñanza. Dos compañeros estaban compaginando Filosofía y Letras con Periodismo y uno de ellos me animó a hacerlo también.

Los tiempos van muy rápido. ¿Qué es lo que no se puede perder en la formación de un periodista?

La esencia del periodismo no ha cambiado. La realidad del periodismo día a día es que te pasas el tiempo esperando a que termine una reunión de cualquier partido o de una Comisión en el Congreso… Luego dan una breve información que han pactado antes y con la cual no te puedes conformar, tienes que investigar, hacerte con las fuentes, ganarte su confianza… La esencia es la misma; lo que han cambiado son las herramientas. Además quiero señalar la importancia de la ética: un periodista no puede saltarse a la torera los principios éticos, por uno mismo y por respeto y consideración a los demás.

¿Podría enumerar brevemente esos principios éticos?

Empezando por las fuentes: hay que contrastarlas. Otra regla de oro es no mezclar la información con la opinión nunca. En determinadas informaciones sobre instituciones del Estado debes mantener una postura neutral. Otra más: respetar el off the record… Todo eso es muy importante, si no, el periodismo se convierte en una especie de jungla donde todo vale. El fin no justifica los medios.

¿Qué puede haber contribuido a que estos principios se diluyan?

La sociedad se ha vuelto más permisiva con todo. Lo que antes se consideraba que se debía respetar, hoy no se respeta. Por ejemplo, en el trabajo que he hecho siguiendo a la Familia Real, sabíamos que las conversaciones privadas con el Rey, la Reina o los Príncipes no se podían reproducir. Sin embargo, últimamente veo que, cualquier cosa que se habla, a los cinco minutos está en el aire. Al final esta forma de proceder perjudica a todos. Quizá ese día te cuelgas la medalla de que estás dando una historia muy atractiva, pero ahí se ha terminado, has matado la gallina de los huevos de oro.

¿Cómo combinar las ventajas que tiene internet para la profesión con la necesidad de contraste?

Yo creo que hay tiempo para todo y cada cosa tiene su ritmo. Si hay una información que debes contrastar, no te debes dejar llevar por la prisa y tienes que contrastarla, aunque sea brevemente.

Se habla de que la profesión está en crisis y ha perdido prestigio. ¿Hacia dónde debemos apuntar para recuperar el prestigio perdido?

Hay varios problemas que han desembocado ahí. Uno es que las empresas periodísticas no están regidas por personas realmente interesadas en el periodismo, son grandes grupos con distintos intereses económicos y se ha buscado el abaratamiento de los profesionales. Las empresas no cuentan con los periodistas senior y hacen expedientes de regulación de empleo. En el medio en que yo he trabajado, Televisión Española, entre 2007 y 2008, se prescindió de cuatro mil y pico personas con experiencia. Eso es un suicidio profesional para un medio.

Además, hay una cosa nefasta: parece que los periodistas tenemos que dividirnos y decantarnos políticamente. La opción ideológica de cada uno no tiene que estar presente en el periodismo que hace, ni nadie tiene que exigírtelo. Un periodismo donde los profesionales son dependientes de un partido o de otro no tiene ninguna libertad.

Cuando cualquiera puede subir contenidos en las redes, ¿qué demanda la sociedad de los periodistas?

Rigor, experiencia a la hora de elaborar una información. Las redes sociales ayudan al periodismo, pero no son periodismo. El periodismo tiene que pasar por el filtro de un profesional. No hay que confundir el flujo permanente de comentarios e incluso noticias con el periodismo analizado y contrastado por la experiencia de un periodista. ¿Cuántas veces se han dado cosas en Twitter que luego se han tenido que desmentir? Hace falta un profesional para canalizarlo.

¿Puede ayudar a revalorizar la calidad del periodismo que los periódicos en internet pasen a ser de pago?

No hay más remedio. La cuestión es que se tendrían que poner de acuerdo todos los medios para hacerlo a la vez. La gente no puede trabajar gratis y la publicidad no da para pagar en condiciones. Además creo que seguirá habiendo prensa en papel porque hay lectores que lo prefieren y esta prensa se encamina hacia un análisis más a fondo de los temas y hacia la opinión.