En marzo de 2015 Carlos Herrera se despedía de los oyentes de Onda Cero. Todo un locutor del star system. Herrera ha pasado por todas las latitudes, en la vida —nació en Almería, se crio en Mataró y vive en Sevilla— y en el periodismo. En la SER presentó Coplas de mi ser, allá por 1990; en RNE daba los Buenos días a finales de los 90 y, ahora, su Herrera en COPE supera los 2 millones de oyentes.

Usted dejó la carrera de Medicina por el Periodismo, ¿qué fue lo que le sedujo para cambiar?
Realmente yo dejé un tiempo el periodismo para acabar medicina. Yo quería ser periodista pero en mi casa era como decir que quería ser torero. En primero de medicina ya estaba en el mundo de la radio, que era mi pasión. Le confesaré que fui acabando a trancas y barrancas, yo de usted no confiaría en mi talento médico.

Si hoy tuviera 30 años menos y comenzara a ser periodista, ¿dónde daría sus primeros pasos?
Creo que empezaría en esto, exactamente igual. He tocado prácticamente todos los palos pero yo lo que sé hacer es lo que se hace detrás de este micrófono: crear una atmósfera en la radio, empaquetar un mensaje, lanzar una bola de sonido al aire.

¿Nunca le falla la voz?
Sí. Ahora, por ejemplo. Llevo hablando desde la cinco de la mañana y ahora está un poquito fatigada.

¿Por qué tiene estrella Carlos Herrera?
¿Qué se supone que es tener estrella?

Por ejemplo, cambiarse de Onda Cero a la Cope y llevarse con usted un millón de oyentes
Recuerdo una cosa que me contó una vez Ramón Pi, que es un gran periodista. “Hay veces que me preguntan, ¿cuánto vale un artículo breve tuyo en el periódico dando las claves de la actualidad? Tanto dinero. ¡Caramba!, ¿tanto dinero por los diez minutos que vas a tardar en escribir eso? Y él dijo: No. Tú no me pagas por lo que tardo en escribirlo sino por todos los años que he trabajado para saber lo que sé, condensarlo y ponértelo en un periódico”. Cuando uno tiene algún tipo de éxito gratificante es consecuencia de muchos años de trabajo y de esfuerzo, la estrella por sí misma no existe. Es evidente que determinadas condiciones te ayudan mucho pero todo eso no existe si no te levantas, desde hace cuarenta años, a las cuatro de la mañana.

A estas alturas, ¿sigue mirando las audiencias?
Me obliga la empresa en la que trabajo y el contrato que tengo (se ríe). La medición de audiencias de radio es pobre, sirve para marcar tendencias que hay que controlar a muy largo plazo. Es decir, si a usted durante cinco oleadas seguidas le dicen que va subiendo, poco o más, es que tiene usted una tendencia al alza. Si en una de ellas baja y luego vuelve a recuperar, eso tiene muy poca importancia.

La actualidad no da tregua y usted tiene muchas horas –nada menos que siete- de directo cada día, ¿cómo se prepara?, ¿hay margen para reposar las ideas?
El día tiene 24 horas y, quitándole siete para dormir, quedan muchas para hacer un programa, prepararlo, dar una vuelta, salir con los amigos, comer fuera, distraerse, ver a alguien… Es simplemente una administración de tiempo. La maquinaria de un programa no se prepara cuando ha acabado sino que se trabaja durante el mismo.

Dentro de esta profesión, ¿a quién admira Carlos Herrera?
He admirado mucho a dos Luises: El gran genio de la radio, para mi gusto, se ha llamado Luis Arribas Castro. Y el gran genio de los formatos, del espectáculo de la radio y de la creación de tendencias y estructuras que todavía perviven es Luis del Olmo.
Y luego tengo el recuerdo de “una bestia”, que era Encarna Sánchez. Me ha costado mucho encontrar cosas parecidas o que suenen igual. También me ha fascinado García. Hay tantos… No podría acabar, no tendría toda la mañana.

Ha pasado por la SER, Cope, RNE, Onda Cero y ahora otra vez, Cope, ¿ha cambiado alguna vez de opinión en las cosas importantes?
En las cosas de comer, no. Tampoco crea usted que tengo opiniones muy fundadas ni muy estables, no soy tan riguroso. Pero es evidente que cuando trabajas en una empresa has de ser consciente de que trabajas para su línea editorial. Si no quieres o no te satisface, no trabajes en ese sitio. No es solamente un señor propietario: es un devenir, una tradición, son los trabajadores y el trabajo que se ha hecho durante mucho tiempo. Tú puedes significarte dentro del respeto.
Yo estoy convencido de que cierta cintura negociadora hace posible que todo conviva porque, normalmente lo que una empresa quiere, independientemente de su línea editorial, es pluralidad. La noticia no es negociable pero puede ser negociable algún tratamiento de la noticia. Es decir, por el hecho de que yo trabaje en la SER no voy a hurtar la noticia de que se ha vendido Santillana, imagínese usted. Ahora, es muy diferente abrir con esa noticia que cerrar con ella o darla en medio. Darle una dimensión u otra.

En esta época de disrupción informativa, la radio es el medio donde las marcas periodísticas tradicionales han perdido menos pie, ¿por qué?
La radio tiene una implantación social en España asombrosa, que no es equiparable a ningún otro país de nuestro entorno. En Estados Unidos y Europa la radio tuvo un papel fundamental hasta la llegada de la televisión, que se transformó en una suerte de nueva radio que dejó a ésta para asuntos temáticos. En España, en cambio, la televisión no le restó un ápice de anclaje sentimental. A la gente joven la ha educado la radio fórmula, que ha creado un vivero de oyentes, que cuando tienen una edad se cambian de habitación y se vienen a otros temas menos musicales, más de información, etc. Por eso siempre hay un parque móvil de oyentes creándose. Eso ha coexistido con la televisión y forma parte de una educación sentimental de los españoles. Por eso es un medio sólido, que ha aguantado el embate. Con todo, el embate ha sido gordo.

 

Carmen García Herrería | @carmengherreria