Bieito Rubido lleva más de 5 años al frente de ABC, aunque tiene un currículo multimedia. Además de ser director de La Voz de Galicia (2000-2006), ha pasado por la radio (Antena 3 radio) y por la televisión (Antena 3 televisión). Es tertuliano habitual, ahora de Herrera en COPE, profesor, tuitero… y claro. Muy claro.
Estamos en la esquina del fondo de la redacción de ABC, en Madrid. Oscura. Pero transparente. Es el mirador a una redacción centenaria que trabaja en la bendita normalidad de una profesión que tiene mucho que ver con la vida misma, a pesar del brillo de las películas y las series.
Bieito habla a chaqueta quitada. Crítico. Experimentado. Lo que nos cuenta lo ha pensado muchas veces. Se nota. Ni negativo, ni optimista. La realidad es, quizás, lo más positivo… para avanzar…

¿Cuál es su ABC de la ética periodística?
Por encima de todo, contar la verdad. Todos los grandes textos de derechos, como la Constitución Española, la Carta de Derechos de Naciones Unidas, o el Tratado de la Unión Europea, recalcan que el ciudadano tiene derecho a recibir información veraz. Cuando los periodistas se deslizan entre la media verdad y la media mentira es cuando empiezan a incumplir las normas mínimas de ética y deontología.

¿Usted cree que en el periodismo español existen muchas lagunas deontológicas de ese estilo?
¡Muchísimas! Yo soy muy crítico con el momento que vive el periodismo español, que está muy posicionado en trincheras ideológicas, y parece que se trata, a veces, de retorcer el hecho, el acontecimiento, el dato y la estadística, para llevar las cuestiones al terreno que le interesa a determinado medio.

¿Usted ve una mala intención previa en los medios o esas trincheras son una deformación profesional?
Honestamente, creo que hay una mala intención. Los periodistas españoles tenemos mucho que mejorar. Necesitamos repensar la profesión y el papel de los periodistas en la sociedad española.

¿Cree que la configuración de los grandes grupos multimedia ayuda a que cada periodista particular haya rebajado la intensidad de su responsabilidad social y profesional?
Sí. Las grandes marcas acaban deglutiendo y llevándose por delante la personalidad del periodista, al que le cuesta mucho ejercer la profesión si no es bajo el paraguas de cada uno de esos grupos. No es un mal propio de España, es una realidad general.

Cuando la realidad supera la línea editorial, qué es más ético: contarlo, obviarlo o atacarlo…
Siempre hay que contarlo, pero dentro de la libertad de expresión, uno puede hacerlo de muchas maneras. Lo importante es que lo que cuente sea cierto. A partir de ahí, la decisión no deja de ser una estrategia de comunicación: puedes amplificarlo, reiterarlo, levantar acta, decirlo y pasar página… Hay muchas formas de abordar un hecho noticiable, lo que debe prevalecer siempre es contar la verdad y no deformar la realidad.

¿La omisión va contra el derecho a la Información?
No. En un régimen de libertades, la omisión es también una forma de informar y posicionarse. Lo que está mal es mentir o deformar un hecho, pero decidir no informar sobre determinada materia no deja de ser un ejercicio de la libertad, que se ejerce de muchas maneras.

¿Hay riesgo de que la ética profesional y social del periodismo pase a un segundo lugar cuando las cuentas no cuadran?
Desgraciadamente, algo de eso ocurre, aunque también hay que desmitificar, entre otras cosas, porque en los últimos años las cuentas no cuadran prácticamente en ningún grupo de comunicación de España… Nosotros tenemos el mandato moral de que los medios que dirigimos o en los que trabajamos sean rentables, porque la rentabilidad nos hace libres. La rentabilidad hace que no tengamos que estar al servicio de otro tipo de intereses más espurios.
Curiosamente, no se forma a los periodistas en la importancia que tienen la rentabilidad y el beneficio. Hay que hacer un elogio al beneficio en los medios de comunicación.

Las redes sociales lo cuentan todo. ¿Los medios deben contarlo también absolutamente todo?
No creo que las redes sociales lo cuenten todo. Son, simplemente, un fragmento de la realidad. Diría más: las redes sociales son una realidad paralela a la verdadera realidad. Los medios de comunicación sólo manejamos algunos fragmentos de la realidad. No es cierto que los periodistas seamos omnipotentes dioses de la actualidad, entre otras cosas porque la actualidad es caótica, y nadie la maneja.
Lo que debemos hacer es pensar en los intereses de nuestra audiencia, de nuestros lectores, de nuestros oyentes, de nuestros televidentes, y ofrecerles lo que les puede interesar.

¿Es fácil seguir siendo periodista cuando a uno le nombran director?
Sí. Ser director es una forma de ser periodista. Llevo muchos años dirigiendo primero La Voz de Galicia, ahora el ABC, y en otras ocasiones, radios y televisiones, y me parece que dirigir es una manera de hacer periodismo, que es un oficio con muchas aristas. Pensar que sólo hace periodismo aquel que acude al lugar, toma notas, y lo prepara para publicar… El periodismo son muchas cosas: jerarquizar las noticias, valorarlas, decidir dónde van…

¿Qué le ha enseñado estar arriba?
Comprobar varias cosas que me parecen muy importante para estos momentos, tanto en España, como en el periodismo español: una de ellas es que falta mucha humildad en el periodismo. Hay demasiado ego, y demasiada vanidad, y resulta que los periodistas, en realidad, somos muy poquita cosa. En segundo lugar, me ha enseñado que hay muchos prejuicios y se es muy mal periodista cuando se tienen prejuicios, que hay que acercarse el hecho noticiable sin prejuicios, que hay que desmantelar esos ropajes y acudir con más humildad a ejercer la profesión.

¿Un periódico debe sólo informar, formar y entretener, o también tiene que aprender?
El periódico es un producto inacabado todos los días. Siempre estamos obligados a superarnos en las 24 horas siguientes. Por tanto, a la vez que hacemos un periódico, estamos aprendiendo. En estos momentos creo que ningún directivo sensato de un medio de comunicación diría que no se debe aprender. En la sociedad moderna del conocimiento hay que estar formándose siempre.

¿Y se aprende de las fuentes, de los agentes de información, de la competencia, de las redes sociales, de los ciudadanos…?
Es fundamental la actitud que un periodista tiene ante la realidad. Un periodista sin curiosidad no es periodista. Por eso, aprendes de todo: de las fuentes, de tu experiencia al cubrir un determinado hecho, de la toma de decisiones, de la toma de decisiones de la competencia, de tus compañeros… El que no tiene abiertos todos los poros de su cuerpo al aprendizaje no merece ser periodista. El periodismo, muchas veces, es más una actitud que otras cosas.

Un director de periódico que se encierra en su despacho y no está pegado a la redacción, ¿para qué sirve?
Ya no hay directores así. Hoy se dirige en medio de la redacción, en medio de los acontecimientos… En las redacciones modernas el papel del director es dirigir, no mandar.

¿Cuál es el arma de destrucción masiva de la credibilidad de un periódico?
No contar la verdad. Sin embargo, en los últimos años en España hubo periódicos que contaron mentiras flagrantes, y no les ha ocurrido nada… De eso, la verdadera víctima es la profesión periodística, porque la sociedad deja de creernos. Un día, no pasa nada. Otro día, tampoco. Pero, cuando pasa el tiempo, saben que lo que contamos no es cierto, y no nos creen. Esa es el arma de destrucción masiva del periodismo.

¿Qué pueden hacer los medios de comunicación para rectificar cuando algo no se ha hecho bien?
Hay que hacer autocrítica, pero dentro de casa. Los buenos periodistas se diferencian de los malos en que reconocen sus errores. Aunque creo que también hay que hacer autocrítica pública, pienso que hace falta un hábito saludable y diario de ver en qué nos hemos equivocado. La autocomplacencia no te ayuda a mejorar. La autocrítica, sí.

Otra cosa que demandan las sociedades cada vez más críticas es la transparencia. La exigimos los periodistas a las instituciones que nos rodean, pero ¿cómo pueden los propios medios de comunicación ser, de verdad, transparentes?
Hay que ser más transparentes, sin duda. Los lectores y las audiencias deben saber quiénes son los propietarios de los medios, incluso es bueno que conozcan las alianzas, de dónde vienen los propietarios, cómo se mantienen medios con perfiles ideológicos distintos dentro del mismo grupo… En estos momentos las audiencias exigen un posicionamiento excesivamente ideologizado a los periodistas, por eso hay que tener claro dónde está cada uno y a qué valores atiende.

¿Cómo se combate, desde el despacho de un director de periódico, las presiones de los poderes políticos o empresariales?
En esta materia cada uno debe responder con su experiencia. Yo confieso que recibo presiones de todas partes, pero es inevitable. El periodista que no recibe presiones es que no es periodista… Después cada cual debe saber cómo las torea: yo las toreo sin hacerles caso.

¿Están dando paso los periodistas españoles a las nuevas generaciones de colegas, o hay un tapón?
En España hay bastante relevo generacional. La profesión periodística envejece muy mal. En las redacciones hoy no hay gente mayor, y creo que eso es un error, y sí hay bastantes jóvenes.
Lo que sí ocurren son dos cosas fundamentales y sobre las que, en esta línea de autocrítica, debemos reflexionar: tenemos muchas facultades de Periodismo y España no tiene capacidad para absorber los miles de licenciados que salen todos los años de 50 facultades de Ciencias de la Información. Muchos padres deberían pensar si sus hijos tienen futuro profesional en el periodismo español, porque 5.000 periodistas españoles titulados cada año es imposible que encuentren un hueco en la industria de la comunicación, en general.
El periodista envejece mal, y a partir de los 35 años tiene un altísimo nivel de frustración, porque sus expectativas son muy altas: todos creen que van a llegar a ser grandes columnistas, grandes presentadores de noticieros, grandes corresponsales en el extranjero… Ese glamour y ese oropel que envuelven a la profesión parecen un imán que atraen a muchos jóvenes, y después la triste realidad es la que veis aquí: gente que se pasa horas y horas sentada escribiendo textos, reescribiendo, editando, leyendo teletipos, y haciendo labores rutinarias… Es curioso, pero es así: salvo que un periodista tenga expectativas de carrera y un horizonte profesional, a partir de los 35 años tiende a estar muy frustrado. Eso debemos saber resolverlo desde el mundo empresarial, desde el mundo de la gestión.

Es curioso, también, porque es una profesión con una vocación muy fuerte… Me gustaría conocer su experiencia personal sobre estos años de crisis y EREs en casi todos los grupos de comunicación. Me gustaría saber qué echa en falta de la gente de la que se prescindió, y qué ha aprendido en la gestión de los recursos humanos en esos momentos.
Echo en falta a mucha gente, por eso me hace gracia cuando se dice que en el periodismo español hay un tapón, porque no es verdad. Hay muchos periodistas muy valiosos que a partir de los 50 años han sido desechados por las empresas. Probablemente, con ellos haríamos un periodismo de más calidad en estos momentos.
De todas formas, no somos muy distintos de otros sectores. Los periodistas no somos ángeles que hemos llegado al planeta Tierra porque estamos tocados por la mano de Dios. Somos muy parecidos a los demás… Este es un sector que vive una transformación brutal, y una súper oferta de medios de comunicación en estos momentos en España que hace que los que nos estamos jugando la supervivencia estemos administrando migajas, porque hay muchos medios, demasiados medios. Somos un sector al que la publicidad está dando la espalda, porque acude a otros soportes, supuestamente más eficaces; somos un sector que está transformando su modelo globalmente, y en el que todavía no hemos encontrado el modelo de negocio que nos haga viables… Somos un sector lleno de situaciones complejas, y pretender que eso no tenga trascendencia en la vida laboral es ser un poco ingenuos.

¿Cómo ve a los periodistas que llegan a la profesión con internet ya en los genes?
A mí eso me parece muy bien. Todo lo que sea dominar determinadas habilidades siempre es bueno, pero lo sustancial del periodismo, más allá de internet, la máquina de escribir o la pluma estilográfica, es una buena historia, bien contada, y que sea cierta. Coppola decía no hace mucho en Oviedo que, en el cine, los efectos especiales, el 3D, y la incorporación de las nuevas tecnologías ayudaban a hacer buenas películas, pero que las buenas películas de verdad no eran buenas sin un buen guion. En el periodismo pasa lo mismo: sin un buen guion no hay periodismo.

¿Se combate bien el intrusismo profesional en las redacciones contemporáneas?
Yo es que no creo que haya intrusismo profesional. Soy partidario de que se dediquen al periodismo todos los que sepan hacer periodismo, tengan la formación que tenga. Vuelvo a ser muy crítico con la sobre oferta de facultades de Ciencias de la Información. Son 50, y todavía nos falta un centro de referencia que esté estudiando la innovación, la transformación, los nuevos medios… Seguimos con facultades con programas de estudio antiguos, no adaptados a los tiempos nuevos… No creo que garantice nada ser formado en ese tipo de facultades, como no creo que sea malo que otra gente que ha estudiado Historia, Economía, Literatura, Física, Medicina, o cualquier Ingeniería, pueda fluir hacia la profesión periodística. El periodismo debe ser una profesión de élite a la que acudan profesionales bien formados en muchas disciplinas. Eso enriquece las redacciones. A mí me gustaría incorporar periodistas con ese perfil.

¿Qué aporta ABC al presente de la ética periodística?
Varias cosas. Una de ellas, la tolerancia. Nosotros toleramos perfectamente que otros piensen de manera diferente. Digo esto porque es curioso… Estamos en un momento en que hay medios de comunicación que no toleran el pensamiento del contrario. ABC, desde su fundación, ha sido un periódico liberal. Defiende unos valores clarísimamente, pero, al mismo tiempo, defiende la tolerancia.
ABC es un periódico de largo aliento donde hemos defendido siempre unos valores que siguen estando ahí, como motor fundamental de nuestra actuación. A ello hay que añadir un gusto por la estética, por el periodismo bien escrito y, sobre todo, y por encima de todo, insistimos en que todo lo que publicamos sea cierto. ¿Qué nos podemos haber equivocado alguna vez? ¡Por supuesto! Y hemos pedido perdón, y hemos rectificado, y hemos pagado las consecuencias, pero por norma, en el diario ABC, lo que se publica es cierto y ese es, para mí, el valor más importante y el que está por encima de cualquier otro al ejercer el periodismo en ABC.

Con el balance de toda su trayectoria profesional, ¿cree que ahora es más difícil contrastar las informaciones por el muro que levantan las fuentes oficiales, sobre todo por la Administración?
No. Yo creo que es mucho más fácil, porque estamos en una sociedad muy transparente y se pueden contrastar las informaciones por muchos conductos. ¡Era mucho más difícil contrastar informaciones en la década de los 80, que es cuando yo empecé, incluso en los 90! Hoy hay vericuetos de lo más insospechados para lograr contrastar un hecho. Hoy en día, las Administraciones y los Gobiernos, de cualquier tipo, en las democracias consolidadas, son muchísimo más transparentes que hace 20 años. Pretender asimilar que no hemos avanzado es querer cerrar los ojos a la realidad.
Es mucho más fácil contrastar, pero, sin embargo, creo que es más difícil hacer periodismo, porque tenemos más competencia. Uno de los rasgos de este tiempo es que las nuevas tecnologías han abatido las fronteras de entrada, y hoy puede hacer periodismo cualquier muchacho con un ordenador en la habitación de su casa. Es más difícil competir.

¿Por qué ha sido usted periodista?
Siempre tuve una vocación muy acusada desde joven. Tengo mucha curiosidad. Me gusta contar historia. Me gusta saber las cosas que pasan y contarlas. Si con ello contribuyo humildemente a que la sociedad sea mejor –más libre, más justa, más culta, más feliz…- pues lo hago, pero tampoco creo en un papel mesiánico de los periodistas. Somos uno más en la vida, y en la sociedad. No podemos pretender ser súper hombres o una especie de ángeles buenos que venimos a redimir a la sociedad… Tenemos que contribuir a que la sociedad sea mejor, y eso es parte del trabajo individual de cada uno.

Si Bieito Rubido escribiera una tratado general de Ética y Deontología Periodística, ¿cómo se titularía?
Cómo contar la verdad.

Usted es el director de un periódico que tiene 115 años, que ha sobrevivido a muchas crisis, de todo tipo, que nos ha contado la historia de España durante todo el siglo XX… ¿Todo eso se tiene presente al dirigir esta orquesta?
Dirigir el periódico decano de la capital y toda su historia es algo que tengo muy en cuenta. Es un ejercicio que hice cuando me asumí la dirección de ABC: me leí la historia del periódico, y al leerla entendí que tenía una sobre responsabilidad, porque ABC contó la dictadura de Primo de Rivera, contó la monarquía de Alfonso XIII, contó la república, contó la guerra civil, contó el franquismo, contó la Transición… ABC ha vivido mucha historia de España.
Además, uno de los rasgos que ha caracterizado siempre a ABC es que ha sido un periódico muy innovador. Su tamaño fue revolucionario, y hoy en día todos se vienen a nuestro formato, que es el que mejor se adapta a las tabletas. Es el primer diario de España que publicó una infografía en portada cuando fue el hundimiento del Titanic, el primero en toda la prensa europea que publica una fotografía aérea, y el primero que envía corresponsales al extranjero desde España…
También ha sido el periódico que en el Franquismo acogió a todos los grandes pensadores republicanos que se quedaron dentro, como Ortega y Gasset, o Marañón… Y fue también el periódico que pagó por sus colaboraciones a los exiliados republicanos en París, México o Buenos Aires… Ese talante de defensa de los valores pero, al mismo tiempo, valorar la libertad, es un patrimonio que hay que mantener.
Estamos en unos momentos de muchos prejuicios. Ese es el gran problema que tiene ahora ABC. Deberíamos hacer una campaña como la del hípster del PP que dijese ABC no tiene nada contra las ballenas. No tenga prejuicios. O sea, léete el periódico, y te sorprenderías…

Álvaro Sánchez León | @asanleo