Berta González de Vega es una periodista freelance, todoterreno y versátil, que lleva 20 años en la profesión, colaborando habitualmente con El Mundo, la revista Papel o el magacín Jot Down. Sus especialidades son Educación y Sanidad, dos temas con los que está muy comprometida. De hecho, actualmente forma parte del equipo de Smartick, una startup tecnológica educativa. En su background de periodista lleva la experiencia de dos años vividos en Seattle y en Boston, que sin duda se reflejan a lo largo de la conversación que mantenemos con ella. Por una vez, cambiamos de escenario y, en vez de una redacción, elegimos este idílico rincón malagueño

¿Cómo definiría esta profesión?
El periodismo es ordenarle a la opinión pública los fogonazos de realidad continua, darle una jerarquía y un orden y tratar de aproximarse siempre a la verdad en la medida de lo posible

Lleva años en la profesión, escribe columnas de opinión y se ha especializado en sanidad y educación ¿qué le parece más útil, poder escribir sobre cualquier tema o especializarse en áreas concretas?
Es bueno ser versátil y poder escribir una buena crónica de cualquier tema pero empieza a haber un tipo de periodismo, por ejemplo el de divulgación científica, que requiere un background. Y luego está lo de siempre, en sucesos y tribunales puedes hacer una buena crónica de un crimen- que afortunadamente cada vez hay menos- pero para tener fuentes y dar información novedosa sobre casos necesitas tener una agenda brutal, como solo tiene la gente que se especializa en eso.

Hace unos meses firmaba un artículo sobre la necesidad de apostar por una transparencia radical para que nuestra sociedad sea más democrática, ¿cree que vamos por buen camino en este tema?
Con el tema de la transparencia han jugado con nosotros: Nos han intentado vender que esas declaraciones de las plazas de garaje o los fondos de pensiones que tiene un diputado, ayudan a luchar contra la corrupción. El dinero negro es negro, nadie va a ser tan tonto de meterlo en su cuenta corriente y comprarse un piso.
Transparencia radical sería saber la mortalidad de cada servicio de un hospital, o que entráramos en una universidad y supiéramos qué publicaciones de impacto tiene cada departamento y cuanta financiación recibe. Eso existe en otros países y está muy ligado a las evaluaciones de las políticas públicas, que en España no tenemos
Me preocupa cómo hemos tratado los medios algunos asuntos que han podido cocinar un caldo de cultivo de cierto populismo y demagogia. De hecho, estoy dándole vueltas a coordinar un libro sobre este tema.

Al ser freelance, la situación de recortes de plantilla en las redacciones de muchas cabeceras no le afecta de la misma manera que a otros. ¿Cree que ésta es una buena fórmula de trabajo para los periodistas?
Creo que a los periodistas nos ha pasado un tsunami y lo estamos pasando fatal, pero somos un poco corporativistas. La filosofía de subcontratar está funcionando en otros sectores: consultores, arquitectos, ejecutivos,…. En Estados Unidos están creciendo los autónomos a doble dígito desde hace años y me temo que vamos a plantillas reducidas y a grandes redes de colaboradores y freelancers y ahí será importante que cada caso afiance su marca personal.

Está a caballo entre el periodismo y la comunicación corporativa, ¿por qué no acaba de definirse por un lado u otro?
Estar en el ambiente de las start up tecnológicas me ha ayudado a ser muy crítica con el discurso de los medios, a darme cuenta de que solemos potenciar las malas noticias, cuando en España hay gente haciendo cosas espectaculares que quedan enterradas en los salmones de los domingos y en los suplementos de innovación, pero nunca abren una portada.
Parece que los periodistas tenemos como incrustado que las buenas noticias no son noticia. En Estados Unidos las buenas noticias empresariales son noticia y eso genera un ambiente de autoestima.

Desde esta profesión, ¿se puede ayudar a la educación?
Educación y periodismo están muy relacionados. Me preocupa que no nos demos cuenta de que un país con los índices de lectura que tiene España es un país muy manipulable. Me dirán: “los que manipuláis sois vosotros”, pero yo no digo que haya que leer un periódico, sino varios.
A un niño, un periódico bien explicado le encanta. Yo tengo un hijo de 13 años que cuando llega al colegio ya se ha leído el periódico. Saca muy buenas notas y creo que, en parte es por la curiosidad que le inyecta la lectura del periódico todos los días.
Hace muchos años entrevisté a Joshua Bell, un violinista, y le pregunté si no le preocupaba que la edad media del público en los conciertos de música clásica. Me encantó la respuesta: “llevan teniendo esa edad un siglo y obviamente no son los mismos”. Fue el corte que mejor me han dado en mi vida. Yo tengo esa esperanza, creo que a los nativos digitales el formato periódico de papel, no les atrae ahora, pero cuando sean cincuentones, lo descubrirán.

 

Elena Marínez | @Elen_maga