“Necesitamos más periodistas y menos figurones; necesitamos que el protagonista vuelva a ser la noticia o el personaje, y que deje de serlo el periodista”. Arturo San Agustín sigue creyendo en la profesión. “El periodismo no lo puede todo. No es la solución. Pero sin el periodismo todo sería peor. Gracias a que existen los periodistas ciertas cosas no ocurren, o la gente sabe que ocurren”.

Ahora, piensa, se está perdiendo la pasión y las redacciones se están convirtiendo en oficinas. Pero para él la pasión sigue viva. “Si no aceptas la profesión como un estilo de vida, nunca serás un buen periodista”. Sabe de qué habla. Tras una década como director creativo en  agencias de publicidad, pasó al periodismo donde ha destacado como columnista y entrevistador en El Periódico de Catalunya y El Mundo.  Como cronista es autor de una docena de libros y no duda en decir que una buena crónica es mejor que una novela.

“El periodista tiene que ser fundamentalmente una persona curiosa. Muy, muy, muy curiosa. Que sepa escuchar y que sepa contar historias”. En el fondo, dice, es muy sencillo: “el periodista es un señor que sabe quién es el que sabe y se dirige a él para preguntarle cosas que interesan a la gente”. A San Agustín le gusta seguir la noticia, captar la anécdota, hablar con el personaje.

Lo que más agradece a la profesión es la posibilidad de conocer lugares y personas. Moverse. Se autodefine como un anarco-conservador y definió hace años las ruedas de prensa como un dictado. Quizás por eso se desenvuelve en géneros donde la curiosidad y la conversación son imprescindibles.

Comprende que Escrivá concediera entrevistas. “Si sabes comunicar y crees en la comunicación, tienes que facilitar la comunicación y una manera de facilitarla es conceder entrevistas. En este aspecto, él fue un adelantado”.

Su columna de despedida en El Periódico fue un agradecimiento a sus lectores. “He intentado ser lo que entiendo que ha de ser un periodista: un puente entre la noticia y el lector. Pensar sólo en el lector te da muchas satisfacciones, pero te crea muchos problemas por parte de las fuerzas vivas. Y es ahí donde se agradece que un director sea valiente y te defienda y te diga que adelante”. En esa columna citaba también a Shakespeare y Montanelli. “Quien los lee, decía, no necesita leer a Maquiavelo”.