Antonio Virgili (Oviedo, 1971) lleva seis años al frente de la Radio Televisión del Principado de Asturias (RTPA), donde antes había sido director de Relaciones Corporativas, de Retransmisiones y de Antena y Contenidos. En 2015 su cargo fue renovado con el respaldo de PP, PSOE e IU y, en 2016, su gestión fue premiada con una Antena de Oro. Virgili es un hombre de consenso, y atribuye su continuidad al respaldo que merece el proyecto de comunicación que lidera. Le resulta muy útil en su vida profesional un consejo paterno: que todo lo que hagas se pueda explicar y contar.
Antonio Virgili es, además, Doctor en Comunicación Pública por la Universidad de Navarra y especialista en televisiones públicas, ya que combina su actual cargo con la coordinación de CIRCOM (Asociación Europea de Televisiones Públicas Regionales), que agrupa a más de 300 emisoras y, en el año 2013, presidió la Federación de Organismos o Entidades de Radio y Televisión Autonómicos (Forta).

 

Apuntemos alto: ¿qué se podría trasladar de un modelo de televisión pública como la BBC a la televisión asturiana?
La BBC es un modelo de servicio público. Es mucho más difícil hacer televisión pública que privada; nosotros tenemos que cumplir con un cometido de servicio público, que se haga realidad y haya audiencia. Y esas personas no son cautivas, las tienes que conseguir, con un modelo sugerente y atractivo.

 

¿Se puede hacer una buena televisión pública con pocos medios?
Sí se puede, es una cuestión de convencimiento entre tus profesionales. Es necesario respetar a la audiencia, sin adoctrinar, simplemente contando lo que sucede. La tele pública es de los contribuyentes, que son quienes la financian, no del gobierno de turno o incluso de los trabajadores.

 

¿Tiene más o menos sentido una televisión pública ahora que hace 40 años, por ejemplo?
Ahora más, sin duda. Si la eliminamos en nuestro país habría un vacío tremendo. Hoy día, el periodismo televisivo tiene fenómenos muy interesantes pero, si hay algo que estos últimos 20 años se ha acentuado, es la militancia. En cambio, en casi todos los casos, la televisión pública es una salvaguarda de los valores tradicionales del periodismo. Yo no puedo dar un puñetazo en la mesa y decir que las cosas se van a hacer de una determinada manera. Los filtros de contrapoder que hay un medio público no existen en uno privado.

 

En una televisión autonómica, donde no hay mucha competencia local, un aspecto esencial de los directivos será la de motivar equipos para no dormirse en los laureles…
Lo más complicado siempre, en cualquier organización, es la gestión de las personas. La motivación solo es posible si la persona en cuestión ya tiene una cierta motivación propia. Si una persona no cree en lo que está haciendo, da igual lo que hagas como directivo.
Por suerte, en mi caso, la mayor parte de los trabajadores sí creen en lo que hacen. Y no hay mayor motivación que la satisfacción de cumplir con el deber, que es nuestro compromiso con la sociedad. Y en nuestro caso, en Asturias, cuando recibimos los datos de audiencia es una motivación tremenda.

 

En su opinión, ¿cuáles son las claves para informar bien en televisión, en el contexto actual?
En televisión prima lo espectacular y lo inmediato. Pero las claves para informar bien siguen siendo las de siempre: contar, contrastar, dar voz a todas las partes. Estos son los criterios que a largo plazo te dan un prestigio y una reputación en la sociedad.
Y en el caso de las tv públicas creo que debe primar el informar bien que el informar antes. No renuncio a la primicia o a la exclusiva: pero estoy por encima de ellas. Es muy importante la labor de equipos de investigación, que trabajen lo temas desde el fondo, que conozcan las tendencias para reportajear. Nosotros intentamos hacer este trabajo con el programa Asturias Semanal.

 

¿Qué tipo de programación incluiría en su parrilla ideal?
Tienes que dar cabida a diversos contenidos, por ejemplo, de tipo cultural y a la vez tienes que tener programas informativos y de entretenimiento, del tipo soft news. Además, hay que ofrecer cineclubs pero también películas accesibles…
En definitiva, es una cuestión de equilibrio, que nunca es el idóneo; una labor casi sociológica de conocer muy buen a tu audiencia.

 

Jorge Gutiérrez | @jorgegu