Estamos en Miguel Yuste, 40. El único gran templo del periodismo en el que redacción e imprenta están pared con pared, con el encanto que eso genera en el ambiente. Huele a tinta fresca en la sede de El País, el buque de papel del Grupo Prisa.

Trajín matutino de redactores que llegan y primeras reuniones de equipos. Hace cuatro días esta casa acogió el primer debate electoral 2.0 de la democracia y el periódico con más tirada de España se sumó un tanto importante por innovar en formato y tecnología a sus casi 40 años de vida. Quizás, cuando todos pensaban que estas novedades eran patrimonio exclusivo de los recién aterrizado a nuestro parqué periodístico.

Estamos en el despacho oficial de Antonio Caño, “director de El País Editor-in-chief”, como reza su bio de twitter. Estamos, probablemente, en el despacho del director del periódico con más poder del país.
Con la ética y la deontología profesional como telón de fondo de esta IV edición de Conversaciones, nos sentamos a aprender de un periodista que ha sido de todo en el escalafón de la profesión. Los que han trabajado y trabajan con él sabrán si es un ejemplo de buen periodista. Nosotros hemos venido a escuchar experiencia destilada.
Rec.

¿El periodista debe ser un ciudadano comprometido, o basta con que sea un observador objetivo?
El periodista tiene que ser un buen profesional. Debe tener vocación, por supuesto, la formación adecuada, y ejercer con los principios de ética que se requieren para el cumplimiento de su profesión.
Yo no creo en el periodismo comprometido. El único compromiso que debe tener el periodismo es con la información y con la verdad.

¿Ve al periodismo contemporáneo muy preocupado por la tecnología y el dinero, y poco sensibilizado con la revolución ética de los medios que demanda una sociedad más crítica?
No creo que el problema de la profesión sea el exceso de preocupación por la tecnología. La preocupación por el dinero por parte de las empresas periodísticas es legítima. La mejor garantía de libertad son empresas periodísticas sólidas.
Yo no creo en el periodismo subvencionado por nadie, y menos aún, por el Estado. Yo creo en el periodismo que está respaldado por empresas periodísticas solventes.
La preocupación por el avance tecnológico también es legítima, porque es una realidad determinante sobre el periodismo que se puede y se debe hacer. Pero, desde luego, la preocupación por la ética es una constante. El periodismo tiene una serie de obligaciones con la sociedad sobre las que debe responder. Con esta profesión los periodistas cumplimos un servicio a los ciudadanos y a la sociedad.

¿Cuáles son esos servicios a la sociedad que quiere prestar El País?
Esencialmente, informar. Los periódicos existen para conseguir que la sociedad esté informada, porque una sociedad bien informada es una sociedad más libre y más crítica. Ese es nuestro trabajo. Luego, los periódicos tienen también una función pedagógica, y distribuyen cultura, pero la esencia del periodismo es contribuir a que haya sociedades objetivamente lo mejor informadas posible. Los periódicos que cumplan con esa función, permanecerán.

Decimos muchas veces que la información de calidad cuesta dinero, y quizás utilizamos esa verdad como excusa para escurrir el bulto de nuestra profesionalidad, dedicación… ¿Intuye usted algo de esto en las redacciones?
Es cierto que el periodismo de calidad cuesta dinero. Precisamente por eso la mejor garantía de buen periodismo es contar con empresas periodísticas sólidas y solventes que respalden el trabajo de los periodistas. Si en los últimos años ha decrecido en todo el mundo el volumen de información internacional, si hoy hay menos periodistas cubriendo conflictos bélicos, crisis, o elecciones alrededor del mundo, es porque las empresas periodísticas tienen menos recursos, y no se lo pueden permitir. Esto es un grave perjuicio para nuestra profesión, y para la sociedad, que tiene que tomar conciencia del mundo en el que vive.

Usted, que ha pasado por casi todos los estadios de la profesión, ¿cree que la crisis ha aparcado los principios básicos de nuestra profesión?
¡No! ¡Los principios, no! De forma genérica los principios permanecen. Esencialmente, no creo que la crisis haya puesto en peligro el periodismo en España.

¿El periodismo español tradicional sigue siendo contrapoder?
¿En contra del poder?

Vigilantes del poder…
En ese sentido, creo que el periodismo español sigue siendo contrapoder, de forma general, no sólo El País. El periodismo español ha sacado a la luz grandes casos de corrupción en casi todos los partidos políticos durante los últimos años, y si la corrupción es hoy una preocupación dominante en la sociedad es porque los periódicos lo han contado y han destacado su importancia. El periodismo español cumple con su misión de vigilar el poder.

Los periodistas exigimos siempre transparencia. ¿Los medios de comunicación deben ser más transparentes?
Sí. Esta es una sociedad poco transparente. Es poco transparente la actividad política, la actividad económica… Son poco transparentes las empresas, y los partidos políticos, y los medios de comunicación. Sí. Curiosamente, los medios comunican poco, y hablan mal y de forma difusa sobre sí mismos.

Por ejemplo: ¿Cómo vería contar en directo las reuniones diarias de portada desde la web de un diario? ¿Sería excesivo?
No, no sería excesivo. De hecho, nosotros estamos preparando una iniciativa de ese tipo. Ahora mismo en El País estamos involucrados en este proceso de tratar de ser más transparentes. Desde hace unos meses publicamos un blog en el que contamos periódicamente las cosas que hacemos, también algunas actividades internas, y queremos incrementar el volumen de noticias sobre nosotros mismos, probablemente difundiendo por streaming nuestras reuniones internas.

Ahora, con la campaña electoral, ¿cuál debe ser el primer mandamiento ético de un medio al cubrir las elecciones?
Cubrir a todos los partidos de manera intensa, crítica, y equilibrada,

¿Qué diferencia hay entre una línea editorial y un prejuicio?
¡Hay una diferencia gigantesca! Los periodistas deben huir de los prejuicios, que son lo más nefasto que podemos tener. El periodista debe aproximarse a la realidad sin prejuicios, ni lugares comunes, ni estereotipos… Sin sectarismos… Un periodista debe acercarse a la realidad con curiosidad y con una mente abierta. Los editoriales deben juzgar y valorar los hechos desde sus valores, pero no desde sus prejuicios, que son cosas muy diferentes.

¿Cuesta contar la verdad en el siglo XXI?
Contar la verdad ha costado siempre, en el siglo XXI, y en el XX, y desde que existen los periódicos, que ya tienen una larga experiencia, porque la verdad siempre es incómoda para los poderes establecidos. Los poderes establecidos son muchos: económicos, políticos, religiosos… y de todo orden. ¿Es especialmente difícil contar la verdad ahora? Yo creo que no. Lo que es más difícil ahora es establecer cuál es la verdad, porque hay muchas verdades compitiendo. Los medios de comunicación han perdido el monopolio de la opinión pública. Hay otros muchos agentes que quieren influir, y esa competencia ha crecido. Pero considero que eso es positivo, y a los medios de comunicación tradicionales nos exige esmerarnos más y acentuar nuestra profesionalidad.

Las tres responsabilidades básicas de nuestra profesión que hemos escuchado siempre son informar, formar, y entretener. Lo de informar está claro. Lo de entretener, también. ¿Qué significa formar?
Yo con lo de formar tengo algunas objeciones… Los periódicos transmiten valores que pueden servir para formar. Nosotros transmitimos los valores de la libertad, la democracia… Hemos sido pioneros en la defensa del europeísmo, de la globalización… Este periódico ha defendido los valores de una sociedad cosmopolita y liberal. Todo esto contribuye a formar. Pero la mejor manera de formar que tienen los periódicos es informar, facilitando los datos para que los ciudadanos puedan tomar sus propias decisiones.

¿Moncloa ha estado demasiado presente durante esta legislatura ofreciendo directrices a los mandos de los medios?
¡Directrices de Moncloa! ¡Yo no sé en otros medios, aquí no! Desde que soy director, y garantizo que con ningún otro director, aquí no ha habido nunca ninguna directriz de Moncloa ni nada que se le asemeje.

Hay periodistas, y, sobre todo, líderes de opinión, que sí han criticado algunas presiones o injerencias…
Los periodistas convivimos con las presiones de la gente que trata de influir sobre los periodistas. Eso es razonable. Son presiones normales que vienen de los gobernantes, de los partidos de la oposición, y de los actores de cine, y de los futbolistas, y de los empresarios, y de los agentes de bolsa, y de la Real Academia, y del Círculo de Bellas Artes… Todo el mundo trata de influir sobre los periodistas, porque todo el mundo quiere aparecer de forma positiva en los medios de comunicación y, hasta cierto punto, eso lo considero legítimo, entre otras cosas, porque es una manera de defender sus puntos de vistas, cosa a la que tienen derecho. No veo ninguna anomalía en ello.

¿Es difícil elegir los titulares sólo con criterios profesionales para un director de un periódico como El País?
No. Se deciden sólo con planteamientos profesionales. No hay otro criterio.

¿Hasta qué punto las condiciones laborales de la plantilla de un periódico son importantes para la ética de una empresa periodística?
Son relevantes, claro que sí. Las condiciones de trabajo en una empresa tienen que ver con la ética de esa empresa y, por tanto, es algo que hay que atender como una prioridad.

¿Qué le importa más: perder dinero, perder lectores, perder confianza, perder prestigio o perder buenos periodistas?
Todo me importa, porque todo va unido. Cuando pierdes buenos periodistas, pierdes relevancia, pierdes crédito, y pierdes de todo y, como consecuencia, pierdes lectores. Hay que atender a todos esos frentes, que son los que forman el gran capital de un periódico: la credibilidad.

¿Qué máxima grabaría usted en el frontispicio de todas las facultades de Periodismo para que a los alumnos les quede claro de qué va esta profesión desde antes de empezar la carrera?
Actúa sin prejuicios. Un periodista debe, sobre todo, ser intelectualmente honesto y contar las cosas sabiendo que tiene una influencia social alta y, por tanto, una responsabilidad grande.

¿Hasta qué punto el director de un periódico debe ser el defensor número uno de sus redactores?

¡Hasta todos los puntos! El director tiene muchas funciones, pero ser el líder de la redacción es, probablemente, la más importante.

¿Qué necesita un director que le digan los que tiene cerca para que no caiga en la tentación de ser más empresario que periodista y no levante los pies del suelo?
Un director no es un empresario, en el sentido estricto de la palabra. Esencialmente es el jefe de un equipo periodístico. Pero también te engañaría si dijese que un director no debe tener ninguna preocupación o que es enemigo de la empresa. ¡El director no es enemigo de la empresa! Al director lo nombra la empresa. Ni aquí ni en ningún sitio del mundo al director lo nombran en asambleas de la redacción… Por tanto, el director debe tener en cuenta los intereses y las necesidades de la empresa. Es parte de su función y de su responsabilidad.

¿Cuál es su reto como director de El País?
Mantener la grandeza de esta cabecera en este tiempo de gran desafío tecnológico y expansión global del periódico; profundizar en la penetración de El País en América Latina, y consumar su transformación digital.

¿Y su ilusión como periodista?
Mi ilusión como periodista está satisfecha al ser director de El País.

 
Álvaro Sánchez León | @asanleo

Share This