Alfonso Nasarre (Madrid, 1957) es hombre de radio. Durante dos etapas ha hecho casi de todo en la Cadena Cope: redactor, cronista, redactor-jefe (1985-1997) y director de comunicación (2004-2012). Desde junio de 2013 es el director de RNE.

¿Por qué diría Alfonso Nasarre que es necesaria la radio pública? ¿Cómo puede contribuir a esa responsabilidad social, tan necesaria?
Creo que la razón de ser de la radio pública es poder ocuparse de todo aquello que la radio privada no se ocupa; porque no es rentable o no tiene espacio profesional para ello. Independientemente de lo que es información. Me refiero, sobre todo, al mundo de la cultura, del que a veces otros medios no cubren como es debido; o la información internacional, que por ser cara, quizá se esté desatendiendo. Además, en España, la misión principal de la radio pública es vertebrar el territorio nacional, que creo que es una labor fundamental.
Es cierto que, en muchos aspectos, jugamos otra liga. Hay características que la hacen muy especial y muy audible para el público porque no hay interrupciones publicitarias. Pero creo que lo más importante de esta casa es todo lo dicho anteriormente.

Usted, que ha probado las dos cosas, ¿piensa que es muy distinto ser director de una radio pública que de una radio privada?
Desde las dos se hace radio y la radio es lo que es. En el caso de un medio público, estás sometido al control parlamentario y tienes que ser más exquisito, más riguroso, por supuesto guardar la neutralidad y la pluralidad. Pero sería un mal profesional el que no aplicara esa responsabilidad de igual manera en un medio privado.
Yo, que provengo del segundo, la diferencia que he notado es que la potencia de tiro de esta casa, desde el punto de vista técnico y humano, es brutal, imbatible, y es un orgullo poder estar al frente de ella. Pero es que la radio en España tiene una calidad e influencia no comparable a otros países de nuestro entorno. El producto que se hace aquí es espléndido y, además, está salvando –por ahora- lo que en televisión se ha convertido en telebasura. En España todavía no hay radiobasura y eso me enorgullece.

¿Tiene algún modelo dentro de esta profesión al que le gustaría parecerse?
Tengo dos personas a las que admiro porque creo que hicieron una magnífica labor al frente de sus periódicos: el español Luis Calvo, que dirigió el diario ABC en la década de los 60, y, por supuesto, Ben Bradlee, que dirigió el Washington Post en la década de los 70 y fue el responsable de que la opinión pública conociera el Watergate.
Del mundo de la radio, recuerdo, de mi época de estudiante, la figura de George Hill, responsable de la edición Iberoamericana de la BBC. En España, sin duda, me quedo con Antonio Calderón, que dirigió la Cadena SER durante muchos años e inventó, entre otros, el programa Hora 25.

Seguro que la respuesta podría ser muy larga pero, ¿podría decirme alguna lección que haya aprendido de algún periodista de su redacción?
Después de casi 30 años de actividad profesional, lo que recuerdo son los buenos maestros que tuve. Pero sí que hay un suceso del que yo me siento muy orgulloso: En aquel “teórico accidente” que pasó, hace unos años, en aguas canarias, cuando se confundió el transporte de una plataforma con la silueta de un avión. Durante veinte minutos se creyó que era un accidente aéreo y todos los medios de comunicación, audiovisuales y digitales, lo publicaron.
En esta casa, por la profesionalidad del equipo de informativos, fuimos de los pocos que no difundimos esta información errónea, porque aplicamos el criterio de que, hasta que al menos dos fuentes oficiales no confirmen un dato, la noticia no se da. Eso supuso bastante tensión durante esos veinte minutos pero mantuvimos la serenidad y ese comportamiento nos dio la razón.

 

El tema de la IV edición de Conversaciones ha sido la ética, es decir, la responsabilidad social del periodista. ¿Cuáles diría que son los dilemas éticos más difíciles a los que se ha enfrentado en su carrera?
Sin duda, el respeto a las fuentes y el no dejarte manipular por uno de los pactos de esta profesión, que es el off the record. En muchas ocasiones me he encontrado con interlocutores que aprovechaban las declaraciones off the record, sabiendo que se iban a filtrar, para dar datos que de otra manera no hubieran dado. Yo siempre he respetado ese off the record porque considero que es mi responsabilidad; es un pacto entre periodista y fuente, aunque el interlocutor lo quiera utilizar.
Un periodista español muy avezado me comentó un día, y luego lo hizo público, que, a veces, un periodista vale más por lo que calla que por lo que cuenta. Yo me aplico ese aforismo porque me parece muy adecuado. En nuestra profesión de periodistas, a veces de confidentes, tenemos acceso a cuestiones de enorme trascendencia que debemos sopesar y valorar.

El NYT causó mucho revuelo en los medios españoles, a raíz de las declaraciones de Miguel Ángel Aguilar sobre la supuesta censura. No le voy a preguntar qué porcentaje de verdad hay en esa afirmación sino, ¿cómo pelea el director de Radio Nacional cada día, para contar la verdad, a pesar de las presiones?
Teniendo una confianza plena en los redactores de informativos y delegando en ellos la responsabilidad. Alguien dijo, en su día, que lo que hace falta en España son redactores-jefes. Yo comparto esa opinión y en RNE me he encontrado con estupendos profesionales a los que he ido nombrando redactores-jefes de las diferentes áreas. Lo que hay que hacer es confiar en ellos.
Todos podemos cometer errores; si pasa, uno pide disculpas. No pasa nada, nadie es infalible, salvo el Papa cuando habla ex cátedra. Lo que tenemos que poner en práctica es lo que yo llamo el “honrado ejercicio de la subjetividad”.

¿Alguna vez ha perdido algún amigo por publicar una información?
No. Hay que diferenciar perfectamente lo que es la actividad profesional de la amistad. De todas maneras, en periodismo, cuantos menos amigos tengas en el ámbito del que te ocupas, mejor.
Un antiguo crítico taurino, hablando de aquellos críticos sobrecogedores (que recibían preventas por parte de los apoderados de los toreros), le dijo una vez a un becario: “Los sobrecogedores existen, pero no olvides que el peor sobre es la amistad”. Pero yo no recuerdo haber tenido nunca ese conflicto, siempre he sido respetuoso con mis fuentes.

Usted recibirá muchas quejas diarias porque sus noticias pueden molestar/molestan a todo tipo de colectivos: partidos políticos, empresas, instituciones públicas y hasta equipos de fútbol. ¿Cómo combina la evasión sana de esas quejas con la necesidad de escuchar a todas las partes, para contar la verdad de la forma más objetiva posible?
Efectivamente, estos puestos están para resistir las presiones de todo tipo pero que los periodistas que configuran tu equipo estén bien formados, sean responsables y estén bien dirigidos, facilita mucho las labores. A partir de ahí, hay que escuchar a todas las personas, estar atentos al tipo de quejas que te puedan plantear, estudiarlas y contestar.
Si la consulta es para reafirmarte lo que has contado, insistir en ello. Y si se es consciente de que se ha cometido un error, subsanarlo y pedir disculpas, que no hay ningún problema en hacerlo. De esa manera, uno mantiene, por encima de todo, la credibilidad, que es nuestro único patrimonio.

 

Carmen García Herrería | @carmengherreria

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