Agustín de Grado venía del mundo de la prensa escrita –ABC y La Razón- cuando en 2004, fue nombrado director de informativos de Telemadrid. En un momento de auge y máxima competencia de todas las televisiones de Grado ofrece una opinión bastante sincera sobre la necesidad -o no de la televisión pública. Además, en una conversación slow hemos aprovechado para preguntarle sobre sus referentes dentro de la profesión y sobre el tema de esta edición de Conversaciones: el periodismo como servicio público.

Después de pasar por distintos medios y soportes, ¿quién ha sido para usted un periodista de referencia?
Admiro a muchos periodistas, por ejemplo, de televisión, me encanta Vicente Vallés, el director del informativo de mediodía de Antena 3, porque tiene una capacidad de análisis fantástica y contextualiza muy bien las noticias.
En prensa escrita, el primer gran periodista con el que trabajé muchos años y del que aprendí muchísimo es Luis Maria Ansón. Es un ciclón: dominaba todos los géneros de la profesión, sabía ver la noticia como nadie y vender periódicos. Lo tenía todo. De nadie he aprendido tanto como de Ansón, los años que estuve en ABC.

El tema de esta edición de Conversaciones es la ética del periodista en un trabajo que tiene una incidencia social muy tangible, ¿Cuáles son los dilemas éticos a los que se ha enfrentado como director de informativos y como periodista?
En mi carrera, he tenido dilemas éticos cuando mi trabajo podía ir en contra de la línea editorial del medio en el que trabajaba. Antes de venir a Telemadrid siempre he trabajado en medios privados, que tienen su propia línea editorial, pero que el redactor no tiene por qué confirmar al 100%, incluso cuando se tienen cargos de responsabilidad dentro de ese medio. Eso, muchas veces, te crea una contradicción personal, que yo siempre he tratado de resolver con honestidad intelectual: valorando mi responsabilidad pero no callándome. Nunca me he autocensurado, siempre he expresado mi opinión en un debate legítimo, pero sabiendo que la decisión última corría a cargo del director o del presidente del medio. Afortunadamente, nunca me he enfrentado a un dilema tan extremo como para tener que decir “no puedo seguir trabajando aquí”.

¿Es fácil informar con independencia, sin ceder a las presiones del poder?
Las presiones del poder se plantean en todos los medios. Se suele hablar de que las empresas públicas están politizadas porque es el poder público el que nombra a sus gestores, pero las presiones existen en todos los medios. En los privados, la presión del poder económico también es muy fuerte, más en época de crisis.
Es difícil no ceder pero hay que hacerlo, porque el gran patrimonio del medio no son los ingresos sino su credibilidad, que es un ejercicio de independencia diario. Si la pierdes, nadie irá al quiosco a comprar tu periódico o nadie verá tu informativo.

 

¿Se rectifica cuando se ha dado una información errónea?
Por supuesto, es un derecho constitucional. Muchas veces los errores no son malintencionados, sino que te has equivocado con un dato, un nombre, un partido… Pero si te has equivocado o se demuestra que la información es errónea, es una obligación rectificar.

Recibirá muchas quejas diarias porque sus noticias pueden molestar/molestan a todo tipo de colectivos ¿Cómo combina la “evasión sana” de esas quejas con la necesidad de escuchar a todas las partes, para contar la verdad de la forma más objetiva posible?
Las quejas son inevitables en cualquier medio, porque cualquier asunto de interés puede tener muchos ángulos y colectivos afectados y todo el mundo quiere verse representado, pero en televisión, muchas veces, la información es un minuto.
Como estamos en una empresa pública, aplicamos el criterio de representatividad acreditada: por ejemplo, si estamos hablando de un problema laboral y el que habla es Comisiones Obreras, tiene representación; en cambio, si hablamos del aborto, no tiene ninguna. En una información política, le damos voz a los cuatro grupos parlamentarios que hay en la Asamblea: PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos, porque entendemos que son los que mejor representan a los ciudadanos de Madrid.

Ahora que la competencia es cada vez mayor, ¿hacia dónde va el modelo de televisión pública?
Telemadrid nació con muchísima potencia, hace ya más de 25 años. En España solo existía Televisión Española, era la segunda, una novedad impresionante. Comenzaba el pluralismo, otra manera de contar las cosas, otros rostros, una televisión cercana, capacidad de elección para la audiencia… Después empezaron a llegar las privadas, que se han multiplicado y que ahora tienen unos recursos que ya no tienen las públicas. Desde hace años, todas las públicas, todas, independientemente del color político o de la comunidad a la que pertenezcan, llevan una tendencia decreciente de audiencia, incluso Televisión Española.
La televisión pública en España tiene futuro siempre y cuando los partidos pacten para qué la quieren, porque el problema es que está sometida a la batalla política. Esto es como la educación, hay que hacer un pacto para sacar a la televisión pública de ese debate partidista y definirla muy bien: por qué en un contexto de crisis están dispuestos a gastaste un dinero en la televisión pública; qué puede ofrecer, teniendo en cuenta que ha salido una competencia que antes no existía.

 

Elena Martínez | @elena_maga